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152. The White Ribbon

Das weisse Band – Eine deutsche Kindergeschichte. 2009

Michael Haneke

Los perversos niños arios


En Japón, una niña con el pelo largo mojado cubriéndole el rostro es sinónimo de terror. En Europa, un niño ario perfectamente acicalado y pulcro es sinónimo de una disciplina férrea comúnmente ligada al fanatismo religioso de algunas sociedades. Michael Haneke, el llamado “enfant terrible” del cine independiente europeo (un momento, ¿qué no todo el cine europeo, salvo quizás el inglés, es independiente?), rescata esta idea y la plasma como uno de los puntos de partida para una serie de extraños eventos que ocurren en un otrora apacible pueblo alemán.

Con una factura rayando en la perfección que incluye un elaborado y cuidado diseño de producción que sitúa la historia previo a la Segunda Guerra Mundial, una fotografía en blanco y negro que hace recordar, junto a la misma historia y el tipo de locaciones, a una película de Dreyer, Bergman o incluso Godard, y un ritmo semi-lento que le queda bien al tipo de película, que incluye así una carga de misterio, “The White Ribbon” es otra obra seria de Haneke, aunque un poquito pretenciosa (algo que es de esperarse), que plantea interesantes preguntas a través de un enemigo invisible, una especie de gen que hace que haya no un solo culpable, sino muchos, o todos los que integran una sociedad desdichada, hipócrita y autoflagelatoria que basa sus comportamientos y acciones públicas en su interpretación de la “palabra divina”.

No será del gusto de todos, pero para los que gustan del cine europeo de autor, ésta será como un regreso en el tiempo hacia la obra de los directores ya mencionados. El filme ganó la Palma de Oro el año pasado, por encima de “Inglourious Basterds”, “Los abrazos rotos”, “Antichrist”, “Thirst” y “Face”, entre otros.

7 de 10.

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113. Lumière and Company

Lumière et Cie. 1995

Varios directores

Interesante ejercicio de memoria

Si no estuviera plagada de entrevistas a directores pretenciosos y chiflados, este experimento situado entre un filme omnibus (cortos de varios directores) y documental sería muchísimo más interesante, pero los franceses, que aquí abundan como directores invitados (por una cuestión lógica supongo, pues el cinematógrafo fue inventado en Francia), tienen la boca muy floja y el cerebro demasiado atrofiado con tanta palabrería que han escuchado y aquí repiten.

A la par de presentar lo que 40 diferentes directores (12 de ellos franceses) pueden hacer con el aparato inventado por los hermanos Lumière hace más de 115 años y que significó el nacimiento del cine, se plantea un footage con entrevistas a estos directores, a los cuales se les plantean las tres siguientes preguntas: 1) “¿Por qué aceptaste trabajar con la cámara de los Lumiére?”, 2) “¿Por qué haces cine?”, y 3) “¿Crees que el cine es mortal?”. Algunos directores claramente no necesitan hacerse los incomprensibles, y otros que realmente sí lo son se notan auténticos, pero el resto apesta a bluff, egocentrismo y “merde” en francés, con respuestas que no llevan a absolutamente nada, mugrero puro.

A los realizadores se les plantean también 3 reglas, confinados a las mismas limitaciones con las que los primeros cineastas, que en principio sólo se dedicaron a hacer postales filmadas de distintos lugares, se vieron enfrentados: 1) el filme debe durar 52 segundos (o lo que es lo mismo, lo que duraba el rollo de película que cabía en el cinematógrafo), 2) no hay sonido sincrónico, y 3) sólo tienen 3 tomas para lograr el resultado.

Todo mundo parece concordar en que David Lynch es el que más se esforzó en su ejercicio, entregando una pieza compleja tanto en realización como, evidentemente, en lectura, de ciencia ficción serie B. Es, sin duda, el mejor de los segmentos, pero también destacan algunas piezas muy bonitas, bien cuidadas y románticas, de sensibilidad europea, como las de Claude Lelouch y Nadine Trintignant (no pude encontrar el video en Internet, pero es el que es filmado en el Louvre).

Abundan segmentos en los cuales los cineastas buscan mirarse en el espejo, haciendo una reflexión acerca de su oficio y la historia de éste. El de Lelouch entra dentro de esta descripción y lo hace magníficamente. John Boorman visita el set en donde se filma “Michael Collins”, con Liam Neeson y sus co-estrellas viendo a cámara, interesados y curiosos. La gran mayoría de los otros segmentos que intentan echar una mirada hacia dentro del cine son poco interesantes y demasiado obvios o simplones.

Abbas Kiarostami presenta un segmento interesante, pero el iraní hace algo de trampa porque para interpretar la imagen es indispensable el sonido. El de Lucian Pintille también resulta atractivo, sin intentar de más con el metraje que se tiene. Zhang Yimou también destaca los contrastes de su cultura de una forma graciosa y divertida, situando su corto en la Muralla China. Spike Lee repite algo que ya se había visto en los primeros años del cine: filmar la cara de un bebé (en este caso su hija). Y de Bigas Luna sólo puedo decir que se me hace un degenerado que sólo hace cine para filmar desnudas a la mínima provocación. Este tipo apesta.

7 de 10 principalmente por el interés que despierta este experimento. Me gustaría ver a mucha otra gente a cargo de los segmentos.

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58. El Observador Oculto

Caché (Hidden). 2005

Michael Haneke

Michael Haneke, siempre desconcertante

Un poco a la “Lost Highway”, una pareja de intelectuales de clase media alta es acosada por una serie de videos que aparecen en su puerta. La historia, ambientada en París, aprovecha el peculiar clima político de la ciudad más grande de Europa, con el fervor que causa la tensión racial y las clases sociales en ese país de gente de sangre tan caliente. A pesar de que apenas comienzo a conocer el trabajo de Haneke (si no me equivoco, ésta sería la tercer película suya que veo), ya reconozco al alemán* como un tipo que gusta de temáticas densas, oscuras y poco populares, explorando “el otro lado” del género humano, aquel que es más difícil de mostrar al público en general.

Con todo esto, al director de “The White Ribbon”, “La Pianista” y dos versiones de “Funny Games” se le pueden reclamar ciertas cosas, pero nunca la falta de atrevimiento al momento de proponer historias que se ubican en una zona fuera del área de confort. En “El Observador Oculto” (“Caché” para los amigos), Haneke se muestra su lado de típico realizador europeo, más cercano quizá a los franceses (por supuesto que no sólo por el hecho de que la película esté filmada en francés), con ese aire tan particular resultante de un ritmo semi-lento, tomas un tanto largas, demasiado ruido ambiente, poca o nula música, muy buena dirección de arte y decoración de sets plagados de elementos culturales, además del uso de actores que realmente parecen personas comunes, lejos de buscar emular estándares de belleza americanos.

El filme comienza mostrando su lado voyeur, un tema muy insertado en la trama, a través de una grabación que se hace pasar por una toma más de la película, situando al espectador en una incómoda situación desde el primer minuto y alternando su punto de vista continuamente, sin tener claro en ningún momento quién es el acosador. La cinta tiene sus momentos de tensión bastante bien logrados y explota en algún momento dando un giro en la trama que a mí me dejó literalmente boquiabierto como por un minuto (qué raro, van ya algunas veces que me pasa esto últimamente, y no me considero tan fácil de sorprender). La semilla está planteada con los videos y los dibujos, pero lo que viene con ellos es una historia mucho más profunda e interesante, que retrotrae el pasado del personaje principal (un muy bueno Daniel Auteuil), enfrentándolo con él a la vez que con sus amigos y familia, principalmente con su esposa, la magnífica Juliette Binoche.

7 de 10. Es bueno que existan Michael Hanekes, aunque también está bien que sean pocos…

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