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218. Porco Rosso

Kurenai no buta. 1992

Hayao Miyazaki

No es de lo mejor de Miyazaki, pero es suficiente para entretener


Cuando alguien lleva tanto tiempo haciendo algo tan bien, es difícil encontrar qué decir acerca de su trabajo, como en el caso de Hayao Miyazaki, quien sin duda se ha convertido en el máximo exponente y gurú de la animación en Japón.

“Porco Rosso” es el sexto filme de Miyazaki, y el séptimo que produjo Studio Ghibli. El filme se centra en la figura de un talentoso piloto del cual descubrimos que, producto de una especie de maldición, se ha convertido en un cerdo (literalmente). En las aguas del mar Adriático se dedica a cazar “piratas del aire” hasta que estos, cansados de siempre verse superados por este curioso personaje, contratan a un vanidoso pero hábil piloto americano para que se haga cargo de él.

Curiosamente, el proyecto nació como una producción para ser transmitida durante los vuelos de Japan Airlines, quienes son los principales inversionistas del filme, que pronto mutó en un largometraje por su propia cuenta. Si bien “Porco Rosso” no se puede calificar (a mi parecer) como una de las grandes películas de Miyazaki, si no más bien a las regulares, eso es ya de por sí razón suficiente para darle una oportunidad, y creo que cualquier espectador que al menos tolere la animación japonesa y entienda sus cánones sabrá apreciarla.

Mi único problema con la cinta podría ser el hecho de que, situada en un contexto real como pocas veces sucede en un filme de Miyazaki, se introduce el elemento mágico de un puerco que pilotea avionetas y la explicación (o siquiera mención) de que se trata de un hechizo o algo de carácter mágico se tarda un poco en aparecer. Además, en ciertas ocasiones la misma historia no se toma muy en serio, pero bueno, a veces se me olvida que son dibujos animados que también tienen como objetivo atraer público infantil.

7 de 10.

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73. El Castillo en el Cielo

Castle in the Sky (Tenkû no shiro Rapyuta). 1986

Hayao Miyazaki

La fórmula Ghibli comenzaba a probarse

Dentro de las pocas películas que me faltan de ver de Hayao Miyazaki estaba ésta de 1986, cuyo título en español podría haber sido “El Castillo de Laputa”, pero eso hubiera confundido y atraído a otro tipo de audiencia en vez de la gente que usualmente ve este tipo de filmes.

Debo decir que ya casi por terminar de revisar por completo la obra de este director japonés de animación, echo en falta cierta experimentación, al grado de sentir que en los estudios Ghibli ya existe algo parecido a una fórmula para hacer películas, como las que existen también en Disney y otros estudios grandes. Si tuviera hijos, les pondría a ver primero todo lo que hace la compañía japonesa antes que lo hacen los americanos, por sus mundos más fantásticos e imaginativos, ilustraciones, historias e inclusive los valores que éstas transmiten. Aún así, y habiendo dicho esto, creo que a Ghibli le está faltando atrevimiento para abordar diferentes temas, personajes, ambientaciones y demás, pero talvez por lo titánicas de sus producciones y el tiempo que éstas toman en materializarse (los estudios siempre le tiran a lo que ellos consideran “seguro”), Miyazaki y sus secuaces prefieren irse por lo que ya saben que hacen bien.

“El Castillo en el Cielo” presenta a Sheeta, una joven princesa que ha sido raptada por unos militares a la vez que es perseguida por un inepto grupo de piratas comandados por Dola, quien, por cierto, tiene el mismo rostro de la típica bruja de todas las películas de Miyazaki. La princesa logra escapar de su rapto y, mediante la ayuda de un misterioso  collar con una poderosa piedra, llega a la casa de Pazu, un niño de una aldea, que debe ayudar a Sheeta a descubrir su destino a la vez que intenta probar la existencia del castillo flotante de Laputa, del cual alguna vez su padre le habló. Desgraciadamente,  la historia es bastante predecible y, si bien 13 años antes, plantea el mismo discurso cliché de “Avatar” (por cierto, una película que tiene muchos puntos en común con la de Miyazaki) y cientos de otras películas, entre ellas un par también de Miyazaki.

La película, inspirada en el libro “Los Viajes de Gulliver”, de Jonathan Swift, fue estrenada en Japón en 1986 pero fue hasta 2003 (después de que “El Viaje de Chihiro” ganara el Óscar a Mejor Película de Animación) que se estrenó en varios países y tuvo la atención merecida, llegando incluso al punto en que actores como James Van Der Beek, Anna Paquin y Mark Hamill grabaran las voces para el doblaje en inglés, un fenómeno que ya se ha vuelto una constante para las películas producidas por Ghibli, ahora bajo el amparo de Walt Disney.

7 de 10.

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La música de cine

Es muy común que al pensar en música de cine, nos venga a la mente el nombre de John Williams. De acuerdo, es un tipo que ha hecho muy bien las cosas y sabe perfectamente cómo hacerse notar con la majestuosidad de sus composiciones orquestales. Qué sería de la escena donde por primera vez vimos un dinosaurio de verdad en la pantalla de cine sin la música de este señor. En ese entonces yo tenía por ahí de 9 ó 10 años y me encontraba extasiado en una de las dos salas de los cines que estaban en Plaza Fiesta, junto a la tienda esa de chucherías rockeras.

Debo decir que yo le entré a esto del cine al darme cuenta del increíble romance que sostienen actualmente la música y el cine, dos de mis más grandes pasiones, con ejemplos tan notorios como las sociedades Fellini-Rota, Lynch-Badalamenti, Nyman-Greenaway y Santaolalla-Iñárritu, por citar algunas. Creo que la película que me hizo cambiar mis aspiraciones de ser músico a ser cineasta fue “American Beauty”, al escuchar la voz de Kevin Spacey y la música triste e intimista de Thomas Newman mientras una bolsa de plástico danzaba por el aire.

Poco a poco he ido descubriendo pequeñas joyas de la música compuesta originalmente para el séptimo arte, y hoy, a escasos días de comenzar este proyecto oficialmente, me gustaría compartir unas pocas recomendaciones, enfocándome en el trabajo de los compositores que más me han regalado excelente música para darle soundtrack a mis noches, viajes y demás momentos importantes.

Enlistados según mi gusto, agrego también aplicaciones sugeridas para la música del compositor en cuestión (espero comentarios y sugerencias por favor):

MICHAEL NYMAN

Socio y cómplice del gran Peter Greenaway (en la que, para mí, es la mejor etapa de éste), prácticamente comenzaron sus carreras juntos, por allá de los 60’s. Si tuviera que definir la música que Nyman hace para Greenaway diría que ésta es constructivista, sin saber bien lo que significa el término, pero me gusta. La encuentro muy estructural, con mucho orden y progresiones. Me hace imaginarme travellings por construcciones y templos romanos y rusos…

Mi pieza favorita de él es “Water Dances – Stroking – Synchronising”, que aunque no está incluida en ninguna película, sigue la misma línea de lo que él hace para el director de películas como “El Cocinero, El Ladrón, Su Esposa y Su Amante” y “El Contrato del Dibujante”. Simplemente majestuosa.

Nyman es más conocido por su trabajo en el soundtrack de “El Piano”, de Jane Campion. Asimismo, algunas de las canciones que compuso para películas de Greenaway fueron utilizadas recientemente en el soundtrack del documental “Man On Wire”, con excelentes resultados.

Aplicaciones sugeridas: Pensar, caminar por el bosque, viaje en autobús con vistas interestantes, trabajar en algo que involucre creatividad y nada de estrés.

NINO ROTA

Conocido también por su trabajo en “El Padrino”, Nino Rota tuvo una larga sociedad con Federico Fellini, además de trabajar con Luchino Visconti un par de ocasiones.

La música de Rota para Fellini va por la línea de las películas de éste último, con un toque de elegancia, glamour y romance, a veces combinado con lo carnavalesco. La elección orquestal y de instrumentos es algo muy pero muy extraño. Batería, teclados sesenteros, guitarra y los ritmos de blues y rock n’ roll se pueden unir en cualquier momento con las trompetas, clarinetes y cuerdas. No es una música para cualquiera pero uy, qué bonita es y qué sentimientos de bienestar genera.

Una música a la que además le tengo mucho cariño, por varios motivos personales… Mis tracks favoritos son los temas de “La Dolce Vita”, “La Strada”, “Amarcord” y “Il Bidone”, pero hay mucho más por escuchar.

Aplicaciones sugeridas: Viaje a Roma solo o acompañado, viaje a cualquier parte de Italia, días calurosos en los que vayas en el coche acompañado de una linda mujer (u hombre según sea el caso), conduciendo en la carretera con lentes oscuros como Marcello Mastroianni.

ANGELO BADALAMENTI

Este tipo ha musicalizado todo lo que ha hecho David Lynch desde “Terciopelo Azul” hasta la fecha, con excepción de la (aquí me reservo el adjetivo hasta verla de nuevo) “Inland Empire”. Curiosamente, la música que le ha tocado componer para títulos como “Mulholland Drive”, “Lost Highway” y “Twin Peaks” incluye algo de música de orquesta, pero muchas veces fusiona ritmos antiguos, rock n’ roll sesentero, cool jazz, pads ambientales y voces etéreas de mujeres (con letras del mismo Lynch) generando con todos estos elementos la parte sonora de las denominadas atmósferas “lynchianas”.

Aplicaciones sugeridas: Muy diversas, dentro de las que caben conducir en la noche en la carretera y acordarse de “Lost Highway”, inauguraciones de exposiciones y eventos medio artsy. Para generar ambientes obscuros y algo inquietantes.

JOE HISAISHI

Joe Hisaishi es el aliado musical del gran maestro japonés Hayao Miyazaki, aunque también ha tenido notables participaciones en películas de uno de los personajes más extravagantes y bizarros de la industria cinematográfica japonesa, Takeshi Kitano.

La música de Joe Hisaishi, quien toma su nombre artístico de la traducción del nombre de Quincy Jones al japonés, es principalmente música bonita, tranquila, relajante. Mucho piano, cuerdas, violines piccicateados y demás instrumentos japoneses interpretando escalas tonales, variaciones y cadencias muy orientales, todo enfocado a crear una atmósfera bonita, pausada, para envolver historias que se dilatan en el tiempo y ponen en evidencia que los orientales tienen otro ritmo de vida.

Aplicaciones sugeridas: Practicar yoga, pensar, caminar por un lugar bonito y típico que no conoces, pueblear, dormir, salir de una leve depresión.

BRUNO COULAIS

Este francés se ganó estar en mi lista por dos sencillos motivos, de hecho, de lo poco que he escuchado de él hasta el momento: “Coraline” y “Microcosmos”. También hizo “Los Coristas”, pero el tipo de música que maneja en esa película no me llama tanto.

¿Cómo describir la música de “Coraline”? Completamente MÁGICA. La música es uno de los factores que hacen de esta película una experiencia tan ÚNICA. Así como se puede decir que esta película superó todo lo logrado en animación por Tim Burton, Coulais rebasa por mucho a Danny Elfman, aunque claro está que le debe a éste varias cosas. El soundtrack de “Microcosmos” flota por la misma línea: música bonita, que recuerda a canciones de cuna, con coros de niños. Me gustaría escuchas más de él pero es muy difícil dar con su música…

Aplicaciones sugeridas: Meditación, caminar por el parque de noche, dormir, recordar.

JAN A.P. KACZMAREK

Otro más al que agrego en esta lista sin conocerlo de fondo. Su trabajo en “Unfaithful”, de Adrian Lyne y con Richard Gere, Diane Lane y Olivier Martinez, le valió el aparecer aquí. Hay tres tracks en ese soundtrack que simplemente son perfectos… Es música muy tranquila, para escuchar en soledad. Fue, junto a otras canciones de la banda sonora de “Amor en tiempos de cólera”, lo que convirtió una buena tarde con mi amiga Juliana frente al picado y áspero mar de Almería con su sol picoso y áureo, en un momento intenso e inolvidable.

El otro trabajo que le conozco a este compositor polaco es “Finding Neverland”, de Marc Forster. La música de esta película es también muy bella, pero un poco menos sobresaliente y algo más típica.

Aplicaciones sugeridas: Recordar, dormir, pasear por el parque de día o de noche, pensar, trabajar.

AKIRA YAMAOKA

Todo fanático de Silent Hill y/o Metal Gear Solid debe ya conocer a este señor. Su participación en estos videojuegos es notoria, ya que también se involucra en la creación de atmósferas sonoras, algo que le suma al elemento del terror y al factor psicológico, algo que a mí, personalmente, me destruye cuando intento jugar Silent Hill. Definitivamente éste tipo es uno de los responsables de que los videojuegos hayan crecido considerablemente en la cuestión sonora y musical. En la película, además, participa como Productor ejecutivo.

Aplicaciones sugeridas: Caminar por el bosque de noche, con tan sólo una lámpara, inducir momentos para sentir terror y estar solo y deprimido.

Otros trabajos y/o compositores que no debes dejar de escuchar:

– “The Hours”, de Phillip Glass, quien también ha hecho “The Truman Show” y “Koyaanisqatsi”, entre tantas otras.

– “Cold Mountain”, con música original de Gabriel Yared, participaciones folkescas de Jack White y dos magníficos tracks de Alison Krauss.

– “El Señor de los Anillos”, con la imponente y majestuosa música de Howard Shore, perfecta para caminar por cualquier montaña tanto a pie como en coche.

– “American Beauty”, con música de Thomas Newman, alguien que lleva la música de cine en las venas.

– “Amélie”, de Yann Tiersen. Simplemente no se necesita decir nada más sobre este soundtrack.

– “La Misión”, de Ennio Morricone. Wow.

– El dúo francés Air tiene colaboraciones dignas de destacar con Sofia Coppola, específicamente en los filmes “The Virgin Suicides” y algo hay en “Lost in Translation”. La misma Sofia ha compilado muy buenas canciones también en “Marie Antoniette”.

– “Amor en Tiempos de Cólera”, con una muy destacada música de Ricardo Ochoa y Antonio Pinto, quienes combinan ritmos y géneros latinos en un soundtrack que se convierte en lo mejor de una película un tanto mediocre.

Por último, les comparto algo de mi propia creación, compuesto para el cortometraje “El Charco”, que dirige mi amigo Héctor Domínguez-Viguera.

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Prueba 9. El secreto de la sirenita

Ponyo / Gake no ue no Ponyo. 2008

Hayao Miyazaki

La sirenita japonesa le dice a Ariel: ¡quítate que ahí te voy!

Mira qué título fue a escoger la distribuidora para su difusión en México, si de por sí ya es difícil hacer que el público mexicano vea animación japonesa, además de que sospecho que las películas de Studio Ghibli, a diferencia de las de Disney, no encuentran su mayor audiencia en los infantes, simplemente porque a un niño le costaría entender mucho de lo que está pasando.

En este nuevo filme del genial Hayao Miyazaki, basado en el cuento de hadas “La Sirenita”, del poeta danés Hans Christian Andersen (no es algo que yo sepa, lo leí en Wikipedia), la historia se centra en una princesa marítima llamada Ponyo que se encuentra de alguna manera aprisionada por su padre, una especie de brujo submarino que parece de esos caballeros del zodiaco hermafroditas, junto a sus miles de hermanas pequeñas. Al iniciar el filme Ponyo se echa una escapadita para ver el mundo humano, que aparece como contaminado y voraz, entonces es rescatada por Sosuke, un niño de 5 años, que vive con su madre (quien conduce como maniaca) en una pequeña casa en una colina. Ponyo cura una pequeña herida de Sosuke y adquiere el poder de convertirse en sirena, pero entonces es recapturada por su padre pero logra escapar para regresar junto a su infantil amigovio, a la vez liberando una cierto poder mágico del mar que provoca que toda la pequeña ciudad portuaria sea inundada.

Me declaro fanático de Miyazaki, especialmente recomendaría “La Princesa Mononoke” (1997), “El Viaje de Chihiro” (2001) y “El Castillo Ambulante” (2004), en ese orden. Sus historias son siempre demasiado entrañables, envolventes y mágicas, pero además sus personajes desbordan carisma y la animación logra retratar sutiles cambios de emociones que incluso son imposibles de conseguir con actores reales. “Ponyo” tiene todo eso y la magia se hace presente en esas pequeñas escenas en las cuales Ponyo aparece con toda su emoción desbordada, producto de ir descubriendo pequeñas cosas aparentemente insignificantes acerca del mundo de los humanos. Aunque no tiene mucho sentido comparar a Walt Disney Pictures con Studio Ghibli, para los que todavía aún no se han dado la oportunidad de ver estos filmes, tengo que decir que definitivamente aquí el enfoque de los japoneses sobrepasa por mucho a los americanos, simplemente porque hay muchísimas más licencias y los personajes nunca son limitados a ser imitaciones de los humanos sino que existe mucha magia, surrealismo y hasta ambigüedad en ellos, al punto de que muchas veces no sabes si son “buenos” o “malos”, si amarles o temerles. Los conflictos presentados no son tan lame como los de Disney, fans declarados del trabajo de Miyazaki que, convenientemente, se han convertido ya en sus socios comerciales. Lo único que sí se extraña es el cangrejo latino de la de Disney, pero esa es otra historia…

El problema principal de esta película es que el conflicto principal no está demasiado claro ni es lo suficientemente fuerte. Se plantean varios pseudo-obstáculos pero nunca sentí que en realidad los personajes principales fueran a tener alguna bronca mayor para terminar felices para siempre. A veces las películas de Miyazaki son más “costumbristas”, reflejando un ambiente bonito y único, con una historia que no propone poner al filo de la butaca al espectador, como es el caso de “My Neighbor Totoro” (1988), la cual hallé desconcertante por no plantear ningún conflicto fuera de lo inesperado e impredecible que resulta el místico personaje Totoro. Por lo demás, se disfrutan sus películas, aunque es muy necesario no tener prejuicios en contra del humor japonés, en ocasiones demasiado blanco e infantil.

La animación dista mucho de tener la majestuosidad de los filmes de “El Viaje de Chihiro” y “La Princesa Mononoke”, además de que la historia está ambientada en un contexto un poco más real, sin mucha cabida para ponerse demasiado conceptual. El tema musical final es horroroso, pero apropiado para una película de niños, mientras que la música del gran, gran Joe Hisaishi (eterno colaborador de Miyazaki, quien además hizo el fabuloso soundtrack de “El Verano de Kikujiro”) hace clara alusión a “La valquiria”, de Wagner, pero no destaca como en otras ocasiones.

8 de 10. Si aún no has visto nada de Studio Ghibli, comienza por las tres antes mencionadas y deja ésta para después…

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