Archivo de la etiqueta: Cine japonés

218. Porco Rosso

Kurenai no buta. 1992

Hayao Miyazaki

No es de lo mejor de Miyazaki, pero es suficiente para entretener


Cuando alguien lleva tanto tiempo haciendo algo tan bien, es difícil encontrar qué decir acerca de su trabajo, como en el caso de Hayao Miyazaki, quien sin duda se ha convertido en el máximo exponente y gurú de la animación en Japón.

“Porco Rosso” es el sexto filme de Miyazaki, y el séptimo que produjo Studio Ghibli. El filme se centra en la figura de un talentoso piloto del cual descubrimos que, producto de una especie de maldición, se ha convertido en un cerdo (literalmente). En las aguas del mar Adriático se dedica a cazar “piratas del aire” hasta que estos, cansados de siempre verse superados por este curioso personaje, contratan a un vanidoso pero hábil piloto americano para que se haga cargo de él.

Curiosamente, el proyecto nació como una producción para ser transmitida durante los vuelos de Japan Airlines, quienes son los principales inversionistas del filme, que pronto mutó en un largometraje por su propia cuenta. Si bien “Porco Rosso” no se puede calificar (a mi parecer) como una de las grandes películas de Miyazaki, si no más bien a las regulares, eso es ya de por sí razón suficiente para darle una oportunidad, y creo que cualquier espectador que al menos tolere la animación japonesa y entienda sus cánones sabrá apreciarla.

Mi único problema con la cinta podría ser el hecho de que, situada en un contexto real como pocas veces sucede en un filme de Miyazaki, se introduce el elemento mágico de un puerco que pilotea avionetas y la explicación (o siquiera mención) de que se trata de un hechizo o algo de carácter mágico se tarda un poco en aparecer. Además, en ciertas ocasiones la misma historia no se toma muy en serio, pero bueno, a veces se me olvida que son dibujos animados que también tienen como objetivo atraer público infantil.

7 de 10.

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208. Samurai Fiction

SF: Episode One. 1998

Hiroyuki Nakano

Los samuráis que verdaderamente rockean


Lo que algunos llaman homenaje, otros podrían llamarlo copia. Para la suerte de uno de los directores más populares de los últimos años, Quentin Tarantino, no mucha gente conoce “Samurai Fiction”, y aunque la conocieran, el director americano acepta el origen de las referencias directas que toma prestadas en la saga “Kill Bill”, pues a muchos de sus fans no les importa más que que sus películas sean cool.

Habiendo dicho esto, también debe decirse que “Samurai Fiction” contiene su propio grado de homenaje, con referencias claras principalmente a la cinematografía de Kurosawa, pero incluso podría encontrarse relación con otro filme del mismo Tarantino, “Pulp Fiction”, tanto en el título como en la estructura de la trama.

La cinta japonesa retoma en la mayor parte de su metraje el blanco y negro usado de las películas antiguas para dar solamente algunas notas de color en secuencias especiales, sobre todo cuando hay violencia, acción y sangre. Los personajes, metidos en una historia de batalla por el honor de un pueblo y de una familia muy típica del género, se encuentran caricaturizados y resultan muy simpáticos como parodia de otros personajes que ya hemos visto en otras películas de aquel país. Todo gira en torno a una espada que un samurai se roba, y los intentos estúpidos del hijo tonto del jefe de un clan por recuperarla, y así ganarse el respeto de su padre. En la cinta incluso hay cabida para los ninjas, que también tienen un par de chascarrillos.

El elemento adicional que aporta Hiroyuki Nakano a su primer filme proviene quizá de su experiencia como director de videos de rock para MTV Japón, no sólo en el estilo de dirección y edición, sino principalmente en la selección de la banda sonora, que incluye temas entre el funk y el rock, compuestos por el rockstar japonés Tomoyasu Hotei, quien interpreta al villano Kazamatsuri, en su primera aparición en cine.

Los samuráis pocas veces fueron tan cool como en esta película. Realmente recomendable para unas risas con los compas. 9 de 10.

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190. Batman: Gotham Knight

Batman: Gotham Knight. 2008

Varios directores

Batman en anime es menos de lo que se podría esperar


La gran mayoría de los tantísimos fans de Batman que habemos en el mundo se emocionaría al enterarse del siguiente experimento: se juntan a cuatro de los más importantes estudios japoneses de anime (ya sé, es redundante) para realizar seis cortometrajes sobre uno de los personajes más interesantes del mundo de los superhéroes, se trae a Kevin Conroy, quien fuera la voz de Batman en las serie animada de DC, y se da libertad creativa a los directores y animadores de reinventar al personaje desde una óptica inédita y ajena al origen de éste.

Para el proyecto se reunieron a los estudios Bee Train, Production I.G, Madhouse y Studio 4°C, los últimos teniendo dos segmentos cada uno a su cargo. Contrario a otro proyecto similar que viene rápidamente a la mente como es “Animatrix” (incluso Studio 4°C también participó en aquella película), aquí la línea de tiempo se intenta ubicar entre las dos películas de la nueva saga a cargo de Christopher Nolan, y la trama de cada corto tienen relación y continuidad entre sí, aunque a veces no presentan historias demasiado trascendentes o interesantes.

Si se piensa que en el proyecto se han incluido a los creadores de obras tan emblemáticas del anime como lo son “Tekkon Kinkreet”, “Ghost in the Shell” o “Vampire Hunter D: Bloodlust”, entonces estaríamos ante un proyecto al cual se le debió haber dedicado un poco más de tiempo, por el significado y el interés que tiene en tantos niveles, por la misma mezcla de culturas y una renovación de un personaje que ha tenido ya varias intervenciones exitosas, pero nunca ninguna tan arriesgada e innovadora como lo pudo haber sido ésta. La animación y las ilustraciones están bien, pero no llegan al toque de maestría, excelencia o extravagancia que se antojaba, o al menos esa es mi percepción, de hecho al personaje lo reinventan poco, lo cual es una lástima.

En el filme se presentan historias diversas como la de unos niños que cuentan supuestas anécdotas relacionadas con Batman al estilo de “Rashomon”, un par de policías transportando a un criminal que se ven en medio de un tiroteo entre los dos grupos de mafiosos más importantes de Ciudad Gótica, Batman probando un nueva sistema incorporado a su traje para repeler las balas, luego persiguiendo a Killer Croc y al Espantapájaros por los conductos subterráneos de la ciudad, donde tiene una serie flash-backs de un tiempo que pasó en La India en un entrenamiento para controlar y trabajar con su dolor para finalmente enfrentar a Deadshot en el último segmento.

Habrá qué decir que se hace el esfuerzo y se logra mucho más que muchos filmes de antología (multi-director, ómnibus o como se quiera llamarles), pero yo personalmente esperaba una obra maestra. “Batman: Gotham Knight” es un buen experimento que pudo haber estado mejor.

8 de 10.

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73. El Castillo en el Cielo

Castle in the Sky (Tenkû no shiro Rapyuta). 1986

Hayao Miyazaki

La fórmula Ghibli comenzaba a probarse

Dentro de las pocas películas que me faltan de ver de Hayao Miyazaki estaba ésta de 1986, cuyo título en español podría haber sido “El Castillo de Laputa”, pero eso hubiera confundido y atraído a otro tipo de audiencia en vez de la gente que usualmente ve este tipo de filmes.

Debo decir que ya casi por terminar de revisar por completo la obra de este director japonés de animación, echo en falta cierta experimentación, al grado de sentir que en los estudios Ghibli ya existe algo parecido a una fórmula para hacer películas, como las que existen también en Disney y otros estudios grandes. Si tuviera hijos, les pondría a ver primero todo lo que hace la compañía japonesa antes que lo hacen los americanos, por sus mundos más fantásticos e imaginativos, ilustraciones, historias e inclusive los valores que éstas transmiten. Aún así, y habiendo dicho esto, creo que a Ghibli le está faltando atrevimiento para abordar diferentes temas, personajes, ambientaciones y demás, pero talvez por lo titánicas de sus producciones y el tiempo que éstas toman en materializarse (los estudios siempre le tiran a lo que ellos consideran “seguro”), Miyazaki y sus secuaces prefieren irse por lo que ya saben que hacen bien.

“El Castillo en el Cielo” presenta a Sheeta, una joven princesa que ha sido raptada por unos militares a la vez que es perseguida por un inepto grupo de piratas comandados por Dola, quien, por cierto, tiene el mismo rostro de la típica bruja de todas las películas de Miyazaki. La princesa logra escapar de su rapto y, mediante la ayuda de un misterioso  collar con una poderosa piedra, llega a la casa de Pazu, un niño de una aldea, que debe ayudar a Sheeta a descubrir su destino a la vez que intenta probar la existencia del castillo flotante de Laputa, del cual alguna vez su padre le habló. Desgraciadamente,  la historia es bastante predecible y, si bien 13 años antes, plantea el mismo discurso cliché de “Avatar” (por cierto, una película que tiene muchos puntos en común con la de Miyazaki) y cientos de otras películas, entre ellas un par también de Miyazaki.

La película, inspirada en el libro “Los Viajes de Gulliver”, de Jonathan Swift, fue estrenada en Japón en 1986 pero fue hasta 2003 (después de que “El Viaje de Chihiro” ganara el Óscar a Mejor Película de Animación) que se estrenó en varios países y tuvo la atención merecida, llegando incluso al punto en que actores como James Van Der Beek, Anna Paquin y Mark Hamill grabaran las voces para el doblaje en inglés, un fenómeno que ya se ha vuelto una constante para las películas producidas por Ghibli, ahora bajo el amparo de Walt Disney.

7 de 10.

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60. Vampire Hunter D: Bloodlust

Vampire Hunter D: Bloodlust. 2000

Yoshiaki Kawajiri

No soy el público meta, pero me entretuvo bastante

Con la tristeza que me provoca ver las estadísticas de mi blog que no han sido nada favorables en el último par de días pero la alegría de ver que cada vez más gente se une al grupo de Facebook, les escribo para contarles de esta película de animación japonesa de la cual ya me habían hablado un par de amigos.

En realidad me considerado un inexperto en el manga, pero es que realmente es un tema taaaan basto y con tantos seguidores taaaan clavados que saltan de inmediato cuando alguien que no sabe suficiente habla sobre estos temas. Habiendo dicho esto, debo decir que disfruté ver esta película a pesar de no ser muy fanático ni del manga ni de las historias de vampiros. “Vampire Hunter D: Bloodlust” es el segundo filme de una franquicia que tiene origen en 1983 con una novela gráfica de Hideyuki Kikuchi y que hasta a la fecha ha dado dos películas y un videojuego para PlayStation. Ambientada en un supuesto futuro lejano en donde todo tiene algo de western, la película en cuestión presenta a D, un damphir (mitad vampiro-mitad humano) que tiene el oficio de cazarrecompensas o asesino a sueldo, únicamente de vampiros, con todas los clichés de un anti-héroe callado, ensimismado, solitario y oscuro pero hábil y todopoderoso.

El universo presentado incluye por igual a vampiros, zombies, hombres lobo, mutantes, demonios, mitología y demás, en fin, toda la fantasía que quepa, todo esto con el uso de tecnologías propias del futuro lejano, por allá del año 12,090. D es contratado por un magnate cuya hija, Charlotte, ha sido abducida por el poderosísimo vampiro Baron Meier Link. A su vez, el hermano de Charlotte ha contratado a otro equipo de cazarrecompensas conocidos como los hermanos Marcus. El trayecto hacia el castillo de Chaythe, el destino del Baron y su amada Charlotte, resulta lleno de contratiempos, obstáculos y enfrentamientos para todos los involucrados. Aquí, el realizador acierta dando los tiempos justos para cada secuencia de acción, también muy bien manejada durante todo el filme, que se va facilito y sin contratiempos, dando al espectador lo que sabe que va a encontrar en el género y la forma.

En cuestión de ilustraciones, la película se maneja en un nivel muy destacado aunque un poco más estilizado de lo que a mí me gusta, con líneas muy largas y exageradas y trazos más cercanos a la serie “Caballeros del Zodiaco” (por citar algún ejemplo). En cuestión de animación, habrá que dar el beneficio de la duda al lip-sync siendo que el idioma original es japonés, porque en inglés está muy mal, y ¡qué difícil es ver esta película sin subtítulos!

Creo que 8 de 10 está bien.

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43. Grave of Fireflies

Hotaru no haka. 1988

Isao Takahata

La adaptación animada de una novela autobiográfica anti-bélica

Creo que “Grave of fireflies” se llama “La tumba de las luciérnagas” en español. Se trata de un filme animado producido por el Studio Ghibli, basado en una novela del mismo nombre del escritor japonés Akiyuki Nosaka, ambientada en el año de 1945, en plena Segunda Guerra Mundial y centrada en las figuras de dos hermanos, el joven Seita y su pequeña hermana Setsuko, que quedan huérfanos tras una serie de ataques aéreos. Definitivamente un argumento que no parecería muy apropiado para un filme de animación, pero lo japonés se cuece aparte.

El filme muestra un punto de vista diferente y no muy común para las películas sobre la Segunda Guerra Mundial, para empezar porque está contado desde el punto de vista japonés y no americano. En este caso, son los mismos estadounidenses los que atacan un pequeño poblado lleno de niños y mujeres con bombas incendiarias, reduciéndolo a la nada. Es entonces que Seita y Setsuko pierden a su madre, y con su padre perdido en el frente de batalla, deciden buscar alojamiento con una tía en un pueblo cercano. Pero resulta que dadas las circunstancias planteadas, todo mundo intenta sobrevivir a la catástrofe y cada quien se vale de sus propios recursos, provocando que pronto los hermanos se vean solos ante el mundo y viviendo en un refugio anti-bombas.

Me ha tocado ver bastantito de lo que produce Ghibli, y de lo que puedo decir es que esta película tiene un toque diferente por estar mucho más centrada en hechos reales con todo lo que eso puede llegar a implicar. Aunque conserva cierto toque de inocencia por parte de la niña y la relación entre ambos hermanos, algo que provoca las típicas escenas bonitas y a todas luces conmovedoras que les encantan a los japoneses, por otro lado presenta otras escenas algo duras y difíciles de abordar, lo que le ganó al filme en su momento críticas positivas en relación a que se demostraba que el cine de animación podría contar historias serias y profundas.

Como talvez habrá notado no tengo muchas ganas de escribir, pero sí diré que me gustó ver este otro lado de lo que podría ser cine bélico (o anti-bélico). 7 de 10.

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Cercano Occidente, lejano Oriente: Puntos de encuentro entre el cine de Samurais y vaqueros

Introducción. Los hombres de Oriente y Occidente

Cada cultura, a lo largo del tiempo y como reflejo en parte de su autoestima, orgullo y necesidad de ello, se ha preocupado por crear una mitología propia, una idealización de su entorno, de su propia gente, creando héroes, personas o personajes que sobresalen de entre los demás a pesar de las dificultades.

Particularmente llama la atención la idealización que el cine y, a la par o incluso antes, la literatura han creado en dos polos opuestos como Japón y el Sur de los Estados Unidos, donde encontramos personajes, situaciones, decorados y preocupaciones similares. Siendo mundos tan distantes y distintos, pareciera como si la mitología alrededor de los hombres duros, valientes y desafiantes que han creado estas dos culturas encontrara muchos puntos en común, cambiando sables y espadas por pistolas y lazos, así como humildes túnicas y sandalias por mezclilla y sombreros texanos. A fin de cuentas, la humanidad entera parece siempre estar conectada: todos sentimos lo mismo, todos necesitamos lo mismo, a todos nos preocupan más o menos las mismas cosas.

 

Los grandes maestros y su influencia mutua

El cine de samuráis fue llevado a su máximo esplendor por el maestro japonés Akira Kurosawa, mientras que el western tuvo su propio maestro: el estadounidense John Ford. Contemporáneos, ambos llevaron su propio género a la gloria, cada uno desde su trinchera y, curiosamente, con personajes algunas veces repetidos. Ya sea con Toshirô Mifune o con John Wayne, los valientes y solitarios personajes crean una mitología en el mundo en el que viven.

Mucho se ha hablado de la influencia mutua que compartían ambos directores, así como la influencia del japonés en el cine de Sergio Leone, al punto de que se hicieron remakes de “Yojimbo”, de “Los Siete Samuráis” y demás. Los personajes sin nombre de Clint Eastwood son como los personajes con nombres inventados de Sanjuro y Yojimbo.

 

Los enemigos: Contra quien o qué luchan

Primero que nada estos personajes luchan contra sí mismos y contra su pasado (éste rara vez explicado) que los hace actuar de una forma fría y distante ante la gente que les rodea. Se ve en su desenvolvimiento que son personas frías, duras, que claramente han batallado para sobrevivir. Suelen ser solitarios y orgullosos, al punto de, en ocasiones, parecer malas personas, pero siempre tendrán un punto de inflexión, algún momento en que demuestren su bondad y compasión por el prójimo más desventurado, como cuando Tom Ponhiphon, el personaje de John Wayne, socorre al moribundo Ransom Stoddard, personaje interpretado por James Stewart, en “El Hombre que Mató a Liberty Valence”, o cuando Sanjuro socorre a la mujer que ha sido raptada y socorre a la familia dándoles todo su dinero en “Yojimbo”.

Por otra parte, en ambas cinematografías es muy clara la existencia de un conflicto social o de época que lo envuelve todo. Claramente, en el cine de vaqueros hay un proceso muy duro, aparentemente inevitable y radical que está tomando forma: la industrialización, la llegada de la civilización, el asentamiento, el paso hacia una sociedad organizada, con leyes, ferrocarriles, políticos y estructura de gran ciudad. Ya no más los habitantes del pueblo tomarán la ley por sus manos, talvez estas sean las últimas ocasiones en que un hombre se convierta en héroe por matar a un villano sin ser llevado a la cárcel como un criminal.

Por su parte, la vertiente oriental nos presenta, talvez menos claramente, un caso similar pero con un mensaje distinto: la falta de organización, los lugares donde no funciona la ley, donde cada uno hace su propias reglas, la falta de protección por parte del gobierno, la carencia de policías y demás, que genera sociedades confrontadas donde libremente los criminales vagan y hacen sus felonías, de ahí la necesidad del samurai. En ambos casos los policías pueden ser retratados como inútiles y estúpidos, claros ejemplos son nuevamente “Yojimbo” y su policía loco y “El Hombre que Mató a Liberty Valence” y su policía gordo, inútil y cobarde al cual nadie muestra respeto.

La confrontación entre lo moderno y lo obsoleto, entre lo primitivo y lo nuevo, se da mucho más claro en el western, en el caso de “El Hombre que Mató a Liberty Valence”, el western tardío de John Ford, esta confrontación se personifica en los personajes de John Wayne y de James Stewart, simbolizando claramente cada uno una contraparte: James Stewart es portador de la modernidad, el progreso, es el hombre de leyes y estudios que viene a dar un giro de modernidad al pequeño pueblo, mientras que John Wayne representa a ese vaquero varonil, pueril y rudo en mayor armonía y contacto con la naturaleza, alejado de la civilización y los modales.

El rechazo a la centralización del poder político que se da en el western resulta un tanto diferente tratada en Japón, esto puede deberse a que el poder político rara vez se manifiesta o a que realmente los viejos, que son los que poseen la sabiduría, actúan como los líderes a los que se les pregunta los pasos a seguir para solucionar el problema en cuestión; La combinación de la sabiduría de este viejo y los conocimientos tácticos y perspicacia de los samuráis será finalmente la determinación a seguir, como en el caso de películas como “Sanjuro” o “Los Siete Samurai”.

La problemática social en el cine de samuráis bien podría ser por otra parte el temor a la “occidentalización”, dando con esto a entender la pérdida de ciertos valores inminentemente orientales como el honor, el respeto por la naturaleza, el valor de la espiritualidad. Tal parece que lo nuevo en una ciudad o un pueblo japonés viene de costumbres ajenas, como el uso del revólver (a pesar de que la pólvora se inventó en China), las apuestas, la materialidad de los personajes, principalmente, por supuesto, los villanos. Si bien esto podría no estar tan claro, también es cierto que no se busca satanizar la influencia extranjera pero sí hay un discurso de vuelta a la naturaleza, a lo básico, al estado más puro del hombre, donde convive mejor con su entorno y es más dueño de sí.

 

Personalidad, motivaciones y mujeres

Las diferencias entre los westerns y el cine de los samuráis, así como las similitudes, son muchas, pero una de las más importantes es el motor de los personajes, lo que los lleva a tomar ciertas decisiones y actuar de una forma u otra. La palabra samurai viene del verbo samurau, que significa “servir”. En algún momento los samuráis eran considerados sirvientes de algún dios e incluso algunos fueron miembros de la nobleza militar en el Japón pre-industrial. Sin embargo, los personajes usualmente representados en estas películas son samuráis que no responden a nadie sino a sí mismos y a sus propias necesidades. No responden a ningún maestro y por lo tanto son libres, vagan sin rumbo, de un lado a otro (como ejemplo, el personaje de Sanjuro, en “Yojimbo”, avienta un palo al cielo y éste al caer le dice qué camino tomar), buscando únicamente trabajo, comida y un lugar dónde dormir.

Los samuráis, en resumen, tienen más necesidades, son gente pobre y humilde pero con la sangre fría para matar en cualquier momento si es necesario. Adiestrados en las artes de la espada, suelen ser muy astutos para las estrategias de guerras y confrontaciones, así como la manipulación, pero, como los forajidos del western, suelen ser analfabetas, lo cual acentúa su aislamiento y alejamiento de todo rasgo de civilización.

Los samuráis, que en algún momento de la historia fueron servidores públicos, aquí son caracterizados casi como nómadas bárbaros, a veces cuestionando gravemente su adhesión a cualquier código de honor, incluyendo el Bushido, al cambiar fácilmente y sin remordimientos de bandos, cosa que no sucedería fácilmente con un personaje forajido del western, a excepción de los personajes que responden únicamente a ellos mismos (caso de Blondie, interpretado por Clint Eastwood, en “El Bueno, el Feo y el Malo” y otros tantos más). Los samuráis parecen tener menos ataduras que los vaqueros, además de ser un poco más solitarios. Sin embargo, ultimadamente siempre cumplen con un cierto concepto de karma, ayudando a quien la trama misma nos muestra como el más noble o el más necesitado.

Los samuráis a veces actuarán por dinero, siendo contratados para las tareas más arriesgadas, normalmente de guardaespaldas, matones o guardias a diferencia de los vaqueros, cuyas profesiones son de ganaderos, comerciantes de ganado, propietarios de cantinas o demás. Los samuráis de entrada toman partido dependiendo el bando que les pague más, o el que no los traicione o el que tenga más virtudes guerreras, aunque no siempre esto aplicará, como en “Los Siete Samuráis”, que los personajes se conforman con ser alimentados y se ponen del lado del debilitado pueblo al que le han robado sus cosechas año tras año (otro punto en común con las problemáticas del western donde los malos roban ganado, queman casas y matan a rancheros indefensos).

Si bien también hay cine western y cine de samuráis que se centran en caracterizaciones romantizadas de sus héroes (lo buenos, lo justos, lo hábiles, astutos y bondadosos que son por naturaleza), este cine se puede considerar más de aventuras, más como una versión de carácter aventurero e infantil, y su estudio supone menos trabajo, pues son más como una idealización de los personajes, además de que en estas películas la línea entre el bien y el mal está perfectamente dibujada.

A diferencia de los forajidos del western, los samuráis tienen mayor desprendimiento sexual, entendiéndose que en estas historias las tramas de amor, triángulos amorosos y, en general, la mujer, tienen muchísima menor relevancia que en el western, donde muchas veces la musa o la inspiración del pistolero es una mujer indefensa, cariñosa, bondadosa y a veces también fuerte y testaruda. En cambio, la mujer cumple un menor papel en el cine de samuráis: simplemente es una víctima más o, a veces, cuando mayor importancia tiene, hace de mujer fatal que provoca a otros personajes a actuar en contra de su voluntad y en contra de los códigos de ética, como aquella mujer que convence de matar a Sanjuro una vez que éste termine su trabajo, en “Yojimbo”. Las mujeres en ambos casos (westerns y cine de samuráis) son más pacíficas e intentan persuadir al hombre de no hacer uso de la fuerza para lograr sus objetivos, algo que parece inevitable. Las mujeres no entienden el actuar de los hombres, que se muestran machos y valientes, aunque en el caso de los personajes del western es más importante ese sustento y moción que les brindan sus mujeres para llevar a cabo las tareas más arriesgadas.

En todo caso, los samuráis parecen aún más solitarios e independientes que sus símiles americanos. En sí, en toda la cultura oriental se puede dibujar un ensimismamiento más profundo, un mayor nivel de encerramiento, de autonomía y, aunque extremadamente pasionales, los orientales parecen estar antes mucho más involucrados con sí mismos que con la sociedad o la gente que les rodea, a pesar de que las pequeñas sociedades se unan por un objetivo común y viven más en el modelo socialista-comunista. Los samuráis parecen estar un poco más inmersos en sí mismos y en el desarrollo de sus propias habilidades que en andar mostrando socialmente su rudeza, sus personajes permanecen más ocultos, en la oscuridad y el anonimato, a diferencia de la construcción de verdaderas leyendas y personajes amados por todo el pueblo en los que se convierten los forajidos del viejo oeste, que además de ser socialmente aceptados y buscados, algunos tienen un lugar en la sociedad, aunque permanezcan un tanto alejados de ella, siendo eso a veces lo que busca el samurai: además de un trabajo, un lugar en la sociedad que le acoge.

 

La naturaleza y lo salvaje. La geografía y su influencia en los personajes

Ya sean amplios y solitarios desiertos del Sur de los Estados Unidos o del Norte de México, o praderas y llanos desolados y despoblados del antiguo Japón, los paisajes en los que se desenvuelven estas historias nos dan un discurso aparte pero totalmente relacionado con los temas que se tratan en las películas. Si bien esto puede ser mucho más claro en el western, donde la soledad de los personajes, el enfrentamiento de la ciudad con el paisaje, la confrontación de desfiladeros con edificios y horizontalidad contra verticalidad, lo áspero y árido contra lo civilizado y nuevo, y más códigos que arrojan los decorados que envuelven al western, en el cine de samuráis sucede que la lejanía entre los pueblos, la recóndito a veces de los pueblos en los que se desarrolla el conflicto, en los que la mano de la ley no llega, además de igualmente la soledad de los personajes y talvez la dureza de los paisajes, un poco menos amplios que los del western y mucho menos peligrosos, pero igualmente inciertos.

La geografía de los personajes también cobra mucha importancia y en la mayoría de los casos están perfectamente esclarecidas las ubicaciones de los principales sitios en los que normalmente ocurrirá la acción. Llama la atención la cercanía que toman los distintos sitios ya estando dentro del pueblo, dando un poco la impresión de saturación. Las cantinas o mesones, las casas de los personajes principales u hoteles o dormitorios donde estos, si son extranjeros, se quedarán; Los bancos (no presentes en las películas de samuráis), la prisión (igualmente relegada en el cine de samuráis) y posiblemente algún rancho o granja que sirva de refugio o zona de paz, alejado de la sociedad. En el cine japonés cobrará asimismo importancia la casa o guarida del bando enemigo.

 

Conclusión: Siete vs. Siete

Con un recorrido histórico y preocupaciones bastante ligados y similares, estas dos cinematografías dan mucho más análisis de puntos de encuentro así como diferencias, tales como la religión y la fe así como la forma en que éstas son tratadas en estas películas, siendo talvez un tema de segundo orden pero así mismo interesante.

Extintos y luego reciente y continuamente reinventados y reciclados, estos dos géneros reflejaron una época muy importante y muy concreta de las sociedades en turno en necesidad de leyendas, mitos, héroes y, sin duda, respuestas. Por eso y mucho más han tenido un valor histórico, no sólo en el ámbito del maravilloso séptimo arte.

Nota: Este artículo especial es reciclado de un ensayo o estudio que me pusieron a hacer en mi escuela de cine, creo que en la materia de Historia o de Análisis, por allá de 2006 ó 2007.

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