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149. Celda 211

Celda 211. 2009

Daniel Monzón

Sin duda, de lo mejor del cine español


En ocasiones el cine español parece querer finalmente destacar a nivel internacional. Cuando lo logra, es principalmente con el terror o con los thrillers. “Celda 211” es el tipo de película de “qué pasaría si…”, que con un argumento simple desencadena una historia llena de acción y suspenso, con su respectiva dosis de humor y drama, eso sí, logrando lo primero mucho mejor que lo segundo.

Juan Oliver (Alberto Ammann) llega a su nuevo lugar de trabajo, una cárcel, para aprender los gajes del oficio, un día antes de su primer día laboral. Muy pronto, a causa de un accidente, se ve metido en una celda, justo en el momento en el que estalla un motín en el sector donde él está. Cuando los demás prisioneros se dan cuenta de su presencia, Juan debe hacerse pasar por uno de ellos ante Malamadre (Luis Tosar), el líder del motín, quien busca mejorar sus condiciones de vida dentro de la prisión para él y sus compañeros.

Con un presupuesto de aproximadamente 3 millones y medio de euros, “Celda 211” se ha convertido en un éxito tanto comercial como en cuanto a recepción por parte del público y la crítica, arrasando en los Premios Goya de este año, con 8 premios (incluyendo Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor, Mejor Guión Original y Mejor Actor Debutante) y recibiendo otras 8 nominaciones.

Luis Tosar (“Los Lunes al Sol”) está genial en el papel de Malamadre, mezclando a la perfección en su rol comedia y mucha tensión, aunque en ocasiones interpreta con una voz demasiada grave, haciendo algunos diálogos incomprensibles. Ammann también está muy bien, y ambos se llevan por completo la película, generando un buen dúo con una gran química. El guión, basado en una novela (algo sumamente extraño de ver en una película española), va subiendo de tono y nivel con cada movimiento que hace cualquiera de las partes involucradas en la negociación, guardando unos buenos giros para el momento correcto y manteniendo al espectador entre entretenido y tenso.

9 de 10. Sin duda, de lo mejor del cine español de los últimos años…

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Prueba 2. El Último Rey de Escocia

The Last King of Scotland. 2006

Kevin Macdonald

White Man in Black World, corregido y aumentado

Las comparaciones son odiosas, pero si en una misma noche ves dos películas inspiradas en hechos reales, también son inevitables. El dictador ugandés Idi Amin, interpretado por el magnífico Forest Whitaker, resulta un personaje trescientas veces más atractivo que el John Dillinger del expiratita Johnny Depp. No había visto esta película, a pesar de que mucho se había hablado de ella. La tomé en el videoclub por mera curiosidad, y sabiendo muy poco de ella.

La trama se centra en Nicholas Garrigan, un joven escocés (James McAvoy, quien también está muy bien en su papel), que, como esos chiflados rebeldes del primer mundo, decide aventurarse a ir a un país del tercer mundo sin saber nada sobre él, recién graduado de medicina. Cabe mencionar que este personaje es ficticio, y sirve como pretexto dramático para situarnos en el corazón de un país envuelto en la guerra civil, con un nuevo líder, Idi Amin, quien derrocó a través de un golpe de estado a su antecesor, Milton Obote. Filmada casi enteramente en Uganda, la película empieza pareciendo otra película más del género “White man in Black World”, que también se puede dominar en ocasiones como “American or Englishman in Foreign, Exotic Land”, “Occidente meets Oriente” o “Primer Mundo meets Tercer Mundo”. Dado a que en este caso (gracias a dios) el personaje no es americano ni inglés sino escocés, aplica mejor la primera categoría.

Superadas las primeras típicas sorpresas del occidental en tierra ajena y desconocida, el filme toma mucho más interés cuando hace su entrada Forest Whitaker gritándole a la gente. La forma en que está rodada esta escena (zooms rápidos, movimientos de cámara que nos llevan a extremidades del cuerpo, algo que es poco común y demás) es también algo que llama la atención. El también escocés Kevin Macdonald, director del filme y de formación documental, utiliza una forma de rodar bastante fresca y más relacionada con el género con el que se curtió, y que va más allá de la cámara temblorina de, por ejemplo, González Iñárritu. Son varias las escenas memorables de este filme, que se despega de los filmes de este tipo y hasta en un momento me recordó a la genial “Apocalypse Now”, de Francis Ford Coppola, con Idi Amin en un cuarto oscuro viendo películas pornográficas, y Garrigan, ahora convertido en el médico personal y principal consejero del dictador, entra para ofrecerle a éste unas pastillas con las que pretende asesinarlo. Esta escena me hizo recordar aquella donde el personaje de Charlie Sheen finalmente logra encararse con el de Marlon Brando.

Forest Whitaker, magnético. James McAvoy, acertadísimo. Gillian Anderson, si bien no participa mucho, está irreconocible. El resto del reparto, salvo un par de malos exagerados, está muy bien.

El hecho de que un personaje ficticio sea insertado en una película basada en un libro que supone estar basado en hechos reales puede ser un arma de doble filo, pero para efectos dramáticos en este caso funciona de maravilla. Ojo, el mismo autor del libro dice que su obra es un 80% ficción.

A esta película, 8 de 10.

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