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208. Samurai Fiction

SF: Episode One. 1998

Hiroyuki Nakano

Los samuráis que verdaderamente rockean


Lo que algunos llaman homenaje, otros podrían llamarlo copia. Para la suerte de uno de los directores más populares de los últimos años, Quentin Tarantino, no mucha gente conoce “Samurai Fiction”, y aunque la conocieran, el director americano acepta el origen de las referencias directas que toma prestadas en la saga “Kill Bill”, pues a muchos de sus fans no les importa más que que sus películas sean cool.

Habiendo dicho esto, también debe decirse que “Samurai Fiction” contiene su propio grado de homenaje, con referencias claras principalmente a la cinematografía de Kurosawa, pero incluso podría encontrarse relación con otro filme del mismo Tarantino, “Pulp Fiction”, tanto en el título como en la estructura de la trama.

La cinta japonesa retoma en la mayor parte de su metraje el blanco y negro usado de las películas antiguas para dar solamente algunas notas de color en secuencias especiales, sobre todo cuando hay violencia, acción y sangre. Los personajes, metidos en una historia de batalla por el honor de un pueblo y de una familia muy típica del género, se encuentran caricaturizados y resultan muy simpáticos como parodia de otros personajes que ya hemos visto en otras películas de aquel país. Todo gira en torno a una espada que un samurai se roba, y los intentos estúpidos del hijo tonto del jefe de un clan por recuperarla, y así ganarse el respeto de su padre. En la cinta incluso hay cabida para los ninjas, que también tienen un par de chascarrillos.

El elemento adicional que aporta Hiroyuki Nakano a su primer filme proviene quizá de su experiencia como director de videos de rock para MTV Japón, no sólo en el estilo de dirección y edición, sino principalmente en la selección de la banda sonora, que incluye temas entre el funk y el rock, compuestos por el rockstar japonés Tomoyasu Hotei, quien interpreta al villano Kazamatsuri, en su primera aparición en cine.

Los samuráis pocas veces fueron tan cool como en esta película. Realmente recomendable para unas risas con los compas. 9 de 10.

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199. Following

Following. 1998

Christopher Nolan

Un debut decente para Nolan


Antes de que Christopher Jonathan James Nolan llamara la atención internacional con las innovaciones y particularidades de un filme como “Memento”, el londinense tuvo la oportunidad de mostrar su destreza como guionista, director de fotografía, productor, editor y director, todo ello en “Following”, una cinta para la que se tuvo un presupuesto de menos de 50 mil dólares, cifra hoy insignificante frente a los mil millones de dólares que costó “The Dark Knight”. Incluso, se dice que la cantidad con la que Nolan hizo su ópera prima es mucho menor (algo que dudo mucho, pero en estos casos a veces se busca hacer héroes a ciertos directores), limitándose a filmar con ex colegas sólo los fines de semana, en el transcurso de un año.

Algunos dicen que Nolan se pudo haber inspirado en la cinta “House of Games”, de David Mamet (de la cual recién hice la reseña hace un par de días), para realizar esta historia, y lo cierto es que las similitudes están ahí, pero las diferencias también son muy notorias, y para el caso muchos thrillers se pueden parecer. “Following” trata sobre un joven que quiere probar suerte como escritor y que, por curiosidad y a manera de investigación sociológica, comienza a seguir gente al azar en la calle hasta toparse con la figura de un curioso ladrón que sólo se lleva objetos personales de sus víctimas. Éste, al darse cuenta que está siendo seguido por el joven, lo enfrenta, para luego convertirlo en su pupilo.

Con una estética en blanco y negro que a ratos se vuelve densa (algo que ayuda a la historia a final de cuentas) y una edición no lineal que resulta un tanto confusa, “Following” es nada más que un debut decente del que años después se convertiría en el héroe de muchos. Yo lo considero un buen director que sabe utilizar muy bien lo que tiene a su disposición pero al que todavía tiene mucho qué demostrar para ser considerado un genio o algo siquiera parecido.

7 de 10.

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170. The Last Days of Disco

The Last Days of Disco. 1998

Whit Stillman

Para un tipo de público muy específico


Apenas he visto dos de los escasos cuatro filmes que componen la carrera cinematográfica de Whit Stillman, y ambos, tanto éste como “Metropolitan” retratan el estilo de vida de una clase burguesa neoyorquina, con un humor mordaz, gente bien educada, bien vestida y con problemáticas de otras índoles.

Las comparaciones más cercanas podrían hallarse con cintas como “Kicking and Screaming”, de Noah Baumbach, o talvez con algunas películas de Woody Allen. Lo que hay que aplaudirle a Stillman, nos guste la temática de sus filmes o no, es que al menos es honesto en cuanto a que busca contar las historias que él conoce y plasmar su estilo de vida creando historias inteligentes y con un humor fino.

Como el título del filme apunta, la trama se sitúa en los años en que el popular género musical dejó de sonar y está principalmente ambientado en un club en el cual un grupo de amigos y no tan amigos se reúnen para bailar. Los personajes principales son gente joven que apenas comienza a desarrollarse profesionalmente, ya sea en el negocio de los clubes nocturnos, las editoriales, agencias de publicidad y demás, y que buscan escalar en una sociedad un tanto fría y conservadora. No se trata, por supuesto, de personajes con los que fácilmente uno pueda empatizar, pero la verdad es que tampoco los puedes odiar, y un humor sardónico (aunque algo snob) basta para llevar a bien la historia.

Hay veces que me ha pasado confundir personajes en filmes orientales, por aquello de que tienen rasgos muy similares. En este caso me pasó lo mismo, sólo que con dos tipos trajeados de la alta sociedad norteamericana.

8 de 10.

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91. La Celebración

Festen. 1998

Thomas Vinterberg

Si Buñuel hubiera hecho Dogma 95

En 1995, un grupo de cineastas encabezados por el controversial y pretencioso (pero igualmente genial) realizador danés Lars Von Trier elaboraron un documento con una serie de reglas estrictas para intentar revolucionar el cine a través de ellas. Estas 10 reglas prohibían, entre otras cosas, la utilización de sets, iluminación artificial, tripiés o grúas, además del uso del blanco y negro, filtros para cámara y elipsis espacio-temporales en la trama. Además de todo esto, estaban prohibidas las películas de género y, por si fuera poco, el director no debía aparecer en los créditos del filme. Si cumplías (cumples, porque el movimiento aún está vigente) con todos estos cánones, tu película contaría con la certificación Dogma 95, y un rótulo con el manifiesto aparecería al inicio de la película, anunciando tu “voto de castidad”.

Entre aquellos cineastas creadores de este manifiesto se encuentra Thomas Vinterberg, cuya película “La Celebración” es considerada la más emblemática del movimiento, incluso por encima de “Los Idiotas”, del mismo Von Trier, quien goza de mucha más fama que su compatriota. “Festen” (“La Celebración”) se centra en las complicadas relaciones de una familia burguesa, tocando temas tan familiares dentro de la obra de otro gran revolucionario del cine, el aragonés Luis Buñuel, como lo son la hipocresía, los secretos y las relaciones humanas a un nivel profundo.

Curiosamente, tal y como sucede en los filmes de Von Trier, la cinta va escalando en intensidad poco a poco, presentando gradualmente una tensión oculta entre los miembros del núcleo familiar, reunidos para festejar el aniversario número 60 del padre. Con un misterioso y trágico suicidio reciente a cuestas, uno de ellos intenta hacer ver a los demás lo que realmente ha sucedido por años en esa familia y sin que nadie se diera cuenta. Así, la trama va creciendo en interés y drama, describiendo personajes comunes pero sometidos a una circunstancia demasiado particular, con la gran intranquilidad que esto crea. Resultará extraño para quien no haya visto algo de Dogma 95 encontrarse un filme no sólo realizado en video (dicho sea de paso, esto rompe una de las reglas del manifiesto, que es rodar en 35mm) sino con una estética más comúnmente relacionada con el home-video que con una película de ficción, pero dejando esto a un lado, se trata de una historia interesante y muy bien interpretada.

8 de 10. Si he de recomendar alguna película de Dogma 95, la elegida sería “Italiano para Principiantes”.

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90. Buffalo ‘66

Buffalo ’66. 1998

Vincent Gallo

Semi-autobiográfica y autocomplaciente

“Buffalo ‘66” representa muchas cosas para mucha gente, principalmente hipsters, que la defienden con capa y espada. Realmente no es difícil ver que se trata de una película que ayudó a definir la estética DIY que tiene casi por regla el cine independiente, como tampoco resulta complicado entrever que se trata de un filme con cierto toque autobiográfico, con una alta dosis de autocompasión y egolatría, mezcladas, al menos desde mi punto de vista, de una manera un tanto extraña.

Luego de aparecer como actor en filmes como “Basquiat”, “Goodfellas” o “Truth or Consequences, NM”, entre otros, además de incursionar en la música con varios proyectos entre los que se encontraba uno precisamente junto a su amigo pintor Jean-Michel Basquiat, el también pintor y modelo Vincent Gallo incursionó en la dirección con este filme que, por supuesto, también escribió y musicalizó.

La cinta se centra en un personaje sumamente antipático de nombre Billy Brown, interpretado por el mismo Gallo, que acaba de salir de la cárcel tras servir un período de 5 años por un crimen que no cometió. Lo primero que busca hacer Billy tras ser liberado es ir a casa de sus padres, para lo cual logra convencer a una chica que acaba de conocer para que ésta se haga pasar por su esposa. Entonces Billy y Layla, interpretada por Christina Ricci en uno de sus mejores roles, comparten varias experiencias juntos que los van acercando como almas solitarias y tristes.

En realidad la película me resultó hasta cierto punto disfrutable, pero, contrario a lo que hubiera pensado siendo previamente un fan de la música de Vincent Gallo, encontré en su persona y su personaje el principal punto de repulsión hacia el filme. Billy Brown es un personaje antipático, arrogante y prepotente como he visto en tantas otras películas, pero con un toque adicional de incesante amargura, acidez (a medias) y autocomplacencia, que hace menos y desprecia a todos por un supuesto pasado en el que fue continuamente victimado en todos los aspectos de su vida, algo que lo convierte en un especie de mezcla entre héroe, víctima y ser inteligentemente superior, pero a mí me parece más bien una imagen falsa que el realizador quiere proyectar al mundo, como con la intención de que pensemos que así de jodida fue su vida y entonces él es un chingón por ser quien es a pesar de su pasado. Puede que me equivoque, pero creo que es un total y completo bluff. El personaje de Christina Ricci, en cambio, es más interesante y enigmático que de entrada aprovecha el físico de la actriz y lo que éste puede proyectar por sí mismo.

No me creo al personaje de Billy Brown, pero no significa que la película no tenga sus aspectos rescatables, como por ejemplo cierta experimentación a través de secuencias un tanto oníricas y musicales, una imagen atractiva, muy buena música y la presencia de buenos actores (aunque en papeles pequeños) como lo son Mickey Rourke, Anjelica Huston y Rosanna Arquette. El filme tiene la estructura y el ritmo propios del cine independiente, con un guión que presenta escenas pequeñas y algo cotidianas, sólo que normalmente con demasiado énfasis en el supuesto sufrimiento del personaje principal, que huele a exorcismo de demonios personales, inventados o reales. Además, la edición a veces utiliza ciertos recursos que parecen más de forma que de fondo y, al no estar justificados, haz de cuenta que carecen de sentido.

En fin, esa es mi opinión. Hay que tomar en cuenta que estoy de mal humor. Como quiera se lleva un 7 de 10.

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39. Gia

Gia. 1998

Michael Cristofer

364 días de cine y 1 de TV movie

No sé si las TV movies se consideren una categoría por sí misma, estoy casi seguro que sí, pero si no, deberían. “Gia” es una película producida para la televisión por HBO que retrata la vida de la supermodelo Gia Carangi, quien tuvo una meteórica carrera en los 80’s, así como una fugaz y caótica vida que terminó a la edad de 26 años a raíz de complicaciones con el SIDA, convirtiéndose en una de las primeras mujeres famosas en fallecer a causa de esta enfermedad.

Angelina Jolie interpreta a la modelo mientras que Elizabeth Mitchell (Juliet en “Lost”) es Linda, una maquilladora de la que Gia se enamora casi perdidamente. La Jolie resulta buena para hacer este tipo de papeles de mujeres desequilibradas y temperamentales, seguro porque ella también es un poco así. El rol le valió a la actriz en su momento el Globo de Oro como Mejor Actriz de una miniserie o película de televisión. El director Michael Cristofer volvería a utilizarla 3 años después en una película de mayor presupuesto, “Original Sin”, donde Jolie comparte pantalla con Antonio Banderas. Para bien o para mal (aunque sospecho que es más para bien), el realizador no ha vuelto a obtener trabajos en el área de dirección desde aquel entonces.

“Gia” es una película que se siente hecha para televisión y no trasciende su formato. La fotografía está descuidada así como los planos y los decorados, que son poco interesantes y más bien se ven como que los consiguieron con poca lana y favores. Los guiones de biopics están (o deberían estar) comprometidos por los hechos reales, y en ese sentido, a veces creo que es difícil dar un ritmo adecuado a una película sobre una persona que vivió tanta decadencia y realmente muy pocos momentos buenos, esto al menos es lo que presenta el filme en cuestión. Creo que se pudieron haber presentado mejor las problemáticas con las que tuvo que lidiar esta persona, porque hacia el final de la película te preguntas si realmente era necesario contar cuantas veces la chica había recaído en las drogas, además de todas sus locuras y excentricidades. En fin… Es curioso ver a Mila Kunis como una joven Gia, además de a Faye Dunaway. El personaje de Angelina es un poco lineal, lo cual llega a desesperar un poco. Para quien le interese, la actriz sale desnuda casi una cuarta parte de su tiempo en pantalla.

5 de 10.

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16. Rushmore

Rushmore. 1998

Wes Anderson

Ágil, inteligente, satírica y gran obra cinematográfica

Hablar de esta película me costará trabajo. A veces, mientras mejor sea la película, más difícil de hacer es la crítica.

Anoche nos juntamos en mi casa unos cuantos amigos y yo a ver unas películas. Yo había sacado de Videodromo “Sólo con tu pareja”, de Alfonso Cuarón, “Una historia de violencia”, de David Cronenberg, y “Rushmore”, de las poquitas que me faltaban ver del buen Wes Anderson. Una vez que supe que seríamos unos cuantos, decidí cambiar la de Cronenberg por otra película de comedia que estuviera más en la “safe zone”, por lo que tomé “I Heart Huckabees”, que ya he visto un par de veces y que, además, también va por la línea de humor que maneja nuestro amigo Wes. La elección de la noche fue esta película que ahora me toca criticar, por supuesto.

Creo que entre tanta gente y con la rapidez de la narrativa del filme, tendría que volverlo nuevamente para realmente apreciar todo (o, al menos, un poco más de) lo que en él había. “Rushmore” es una magnífica obra cinematográfica, con muchísimas cualidades a las que ya nos tienen acostumbrados Anderson y sus cómplices, entre los que se encuetran Jason Schwartzman, Bill Murray y los hermanos Wilson (Owen incluso participa como guionista). Con un estilo y un tipo de humor muy bien definidos desde aquel entonces (ésta es apenas su segunda película), el director americano nos centra en la historia de Max Fischer, un adelantado, sagaz y peculiar joven de 15 años cuyo máximo es ser alumno de la escuela privada Rushmore, en donde toma una impresionante cantidad de clases extracurriculares y forma parte de tantos grupos escolares como le es posible. Fischer se hace amigo de un importante profesor y ambos terminan enamorados de una maestra de primaria, a la cual idealizan.

Sin presentar en esta ocasión un reparto tan amplio como en las cintas “The Royal Tenenbaums” o “The Life Aquatic with Steve Zissou”, Anderson se centra en estos tres personajes principales, presentando a los hombres como niños chiflados y caprichosos mientras adereza brillantemente la historia con personajes más pequeños que giran alrededor de los protagonistas. El director nos vuelve a presentar, muy a su manera, una sátira de la naturaleza humana, con muchos toques de ingenio, una historia repleta de detalles, súper fresca, ágil y muy graciosa. Los personajes no son simpáticos de la manera “correcta”, más bien, se trata de reflejar en ellos un montón de inseguridades y vicios de carácter que tenemos, algo como lo que hace Woody Allen en un estilo diferente pero también único.

En realidad, para mi sorpresa, éste es el filme que más me ha gustado de Anderson, un poquito por arriba de “The Royal Tenenbaums”, otra gran obra de la cinematografía moderna. En este caso, creo que “Rushmore” está menos estudiada, es más autobiográfica y se siente un poco más auténtica y cruda, como si en ella su realizador se hubiera permitido muchas más libertades de experimentar en la narrativa antes de casarse con su forma definitiva de hacer las cosas. La película tiene lo mejor de su director, está muy bien rodada, tiene escenas increíbles, memorables, está bien fotografiada y bien editada salvo por el final, que tiene un poco de anti-clímax, y el excesivo uso de segmentos musicales o secuencias de montaje con música, algo que, a pesar de que Anderson tenga el mejor de los gustos musicales y sepa elegir muy bien las canciones para tal o cual momento, termina siendo una solución fácil (cierto, ya también se convirtió en estilo) para hacer avanzar la historia.

9 de 10. Un must-see.

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