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223. Alien 3

Alien 3. 1992

David Fincher

Un complicadísimo debut para David Fincher


Vaya manera de arruinar las cosas con las secuelas. Una vez que el público ha comprendido esto y se ha visto una y otra vez del seguimiento que se le ha dado a las historias que lo cautivaron, los estudios inventaron las precuelas, que seguramente durante un rato les darán muchos millones de dólares. De hecho, hace poco se anunció una precuela de “Alien”, dirigida por Ridley Scott, lo que renovó mi interés por ver la saga completa un poco más a conciencia esta vez.

En “Alien 3” se violan algunas “leyes de las secuelas” tan pronto y comienza la cinta. Específicamente, todos los personajes que vimos en la segunda entrega (menos la teniente Ripley, por supuesto) mueren cuando la nave en la que viajaban se estrella en un planeta que sirve como prisión exclusiva para hombres, una prisión bastante deteriorada y olvidada, por cierto. Para hacer justicia, hay qué decir que desde el momento en el que todos los pasajeros de la nave Nostromo (por mucho, los secundarios más interesantes de la saga) fueron asesinados por el alienígena y sólo sobrevivió el personaje de Sigourney Weaver, que es despertada en la secuela después de muchos años e igualmente toda la gente que ella alguna vez conoció (incluida su hija) ha muerto ya, la línea temporal y toda el discurso de la saga se centró en dos cosas: la supervivencia o la batalla entre Ripley y el extraterrestre, y la compañía intentando hacerse de la bestia para su división de armas biológicas.

Habiendo dicho esto, me parece que el hecho de que la gente se indigne porque los personajes de la segunda entrega sean tajantemente asesinados por la pluma del guionista de la tercera tan pronto en el metraje, sin siquiera hacer el experimento de dejar alguno medio moribundo (salvo por el androide Bishop), parece estar un poco de más. La saga se arruinó inmediatamente con las secuelas, pero un novato Fincher, quien entró como substituto del neocelandés Vincent Ward, se vio presionado por el estudio y sin un guión terminado al momento de iniciar rodaje. El acierto que tiene “Alien 3” es el de regresar al género original de la serie: el terror. Desgraciadamente la bestia “ya no es la misma” (en palabras de la misma Ripley) pues ahora supuestamente se mueva más ágilmente, situación que provocó que Fincher echara mano de un alienígena 3D que se ve HORRIBLE y que es, en definitiva, el peor error que tiene la cinta después de un guión insalvable. Aún así, yo considero que la propuesta del director de “Se7en” y “Fight Club” es mejor que la de James Cameron, aunque eso no es precisamente algo que la salve de la quema.

Afortunadamente, David Fincher corrigió rápidamente el camino de su carrera, y todo quedó en un debut lamentable, con mucha presión pero con un presupuesto que difícilmente alguien consiga para su primera película.

5 de 10.

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218. Porco Rosso

Kurenai no buta. 1992

Hayao Miyazaki

No es de lo mejor de Miyazaki, pero es suficiente para entretener


Cuando alguien lleva tanto tiempo haciendo algo tan bien, es difícil encontrar qué decir acerca de su trabajo, como en el caso de Hayao Miyazaki, quien sin duda se ha convertido en el máximo exponente y gurú de la animación en Japón.

“Porco Rosso” es el sexto filme de Miyazaki, y el séptimo que produjo Studio Ghibli. El filme se centra en la figura de un talentoso piloto del cual descubrimos que, producto de una especie de maldición, se ha convertido en un cerdo (literalmente). En las aguas del mar Adriático se dedica a cazar “piratas del aire” hasta que estos, cansados de siempre verse superados por este curioso personaje, contratan a un vanidoso pero hábil piloto americano para que se haga cargo de él.

Curiosamente, el proyecto nació como una producción para ser transmitida durante los vuelos de Japan Airlines, quienes son los principales inversionistas del filme, que pronto mutó en un largometraje por su propia cuenta. Si bien “Porco Rosso” no se puede calificar (a mi parecer) como una de las grandes películas de Miyazaki, si no más bien a las regulares, eso es ya de por sí razón suficiente para darle una oportunidad, y creo que cualquier espectador que al menos tolere la animación japonesa y entienda sus cánones sabrá apreciarla.

Mi único problema con la cinta podría ser el hecho de que, situada en un contexto real como pocas veces sucede en un filme de Miyazaki, se introduce el elemento mágico de un puerco que pilotea avionetas y la explicación (o siquiera mención) de que se trata de un hechizo o algo de carácter mágico se tarda un poco en aparecer. Además, en ciertas ocasiones la misma historia no se toma muy en serio, pero bueno, a veces se me olvida que son dibujos animados que también tienen como objetivo atraer público infantil.

7 de 10.

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94. Bad Lieutenant

Bad Lieutenant. 1992

Abel Ferrara

Continuación a la crítica número 83

Esta crítica está ligada con la anterior número 83 y podría considerarse una continuación de ella.

Ya vi la película de Abel Ferrara, dígase la versión original, aunque después de hacerlo puedo constatar (tal y como lo hacía ver Herzog) que se trata de dos filmes totalmente diferentes. “Bad Lieutenant”, película de 2002 del neoyorquino Ferrara, y “Bad Lieutenant: Port of Call – New Orleans”, que el alemán Werner Herzog estrenó el año pasado, comparten muchas cosas pero se diferencian radicalmente la una de la otra. Ambas presentan a un teniente de la policía (uno en Nueva York, el otro en Nueva Orleans después del huracán Katrina) con las peores cualidades: increíblemente junkies, alcohólicos, corruptos, apostadores, ladrones y demás. Asimismo, ambos se encuentran en medio de una importante investigación. En el caso del filme de Ferrara, se trata de una violación a una monja en plena iglesia. Así, a diferencia del alemán, Ferrara aprovecha para introducir cierta temática y cuestionamientos religiosos que representan más bien una batalla interna del personaje en su intento por salir del mierdero en el que está hundido.

Las dos películas sirven como material videográfico “pedagógico” acerca de cómo utilizar ciertas drogas. Tanto Harvey Keitel como Nicolas Cage consumen una cantidad sumamente preocupante y exagerada de sustancias de todo tipo ya sea de forma inhalada, fumada o inyectada. En el filme de Herzog, el cual tiene un toque mucho más irónico, despreocupado y experimental, esto llega a rozar la farsa, pero Ferrara, mucho más serio y perturbador en su tratamiento, presenta un personaje menos cómico, menos ambicioso y menos simpático (al menos para la audiencia), que sólo busca continuar su existencia con la creencia de que es invencible.

Con un guión co-escrito por Zoë Lund (quien también aparece drogándose junto a Keitel en el filme), la película fue rodada en apenas 18 días, lo que hoy en día puede considerarse un logro bestial. Harvey Keitel, quien pudo haber perdido este papel a manos de Christopher Walken, a quien se tenía previsto originalmente, realiza una de sus mejores interpretaciones, si no es que la mejor de su carrera, en un filme potente, crudo y perturbador, a mí gusto talvez con demasiado énfasis en mostrar con detalle y con innecesaria recurrencia los vicios de su personaje. Debo decir que me disfruté más la versión de Herzog, con todas las libertades que éste se tomó.

8 de 10.

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