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219. Aliens

Aliens. 1986

James Cameron

Le tocó el turno a James Cameron, and he blew it!

Bien, pues era lógico que la Teniente Ripley tenía qué regresar, pero desgraciadamente Ridley Scott se quedó en la nave Nostromo, y la segunda entrega tuvo que ser pilotada por un James Cameron que venía de patear traseros mecánicos con la primera entrega de “Terminator” y de terminar de escribir una versión inicial del guión de la segunda entrega de “Rambo”, que después sufrió las modificaciones de la “mente” de Sylvester Stallone.

En el papel, y con lo que ya le conocemos a Cameron (hablo, pues de “Terminator 2” y de, bueno, nada más esa), el canadiense no sonaría como una mala opción para reemplazar a Scott. Pero las nuevas ideas nacieron, y “Aliens” se convirtió en un filme de acción y aventuras que por ende carecía del terror y el tono oscuro de la entrega original.

En esta ocasión, la Ripley es rescatada de su hiper-sueño 57 años después para encontrarse que su hija ha muerto ya, y siendo que todos sus compañeros de la nave Nostromo fueron aniquilados por el alienígena, se encuentra sola con su estúpido gato que casi le cuesta la vida en la primera película pero que, tan pronto y le dicen que hay gente viviendo en el planeta en el que encontraron a la criatura malévola y que hay qué ir a rescatarlos, abandona en su departamento. Así comienza una nueva cacería de extraterrestres, que han tomado por completo el control de la estación que los ahora desaparecidos colonos habían habitado por unos cuantos años ya.

Sin el ingenio en cuanto a diseño de producción y sin el ritmo pausado que propiciaba el suspenso en la primera entrega, lo que Cameron toma prestado le sirve para hacer una película que emociona por sus escenas de acción y la amenaza de semejante organismo viviente, ahora en mayor número y tamaño, como si el mismo filme necesitara más elementos para generar el suspenso que no se logra con el guión o el planteamiento. Aún así, la curiosidad del fanático lo lleva a querer seguir viendo, con la esperanza de ver a su heroína triunfar y talvez entonces encontrar más información del origen de la enigmática criatura. Bah.

No, James Cameron no era el indicado…

7 de 10. La foto corresponde al equipo de guionistas que en esta ocasión decidieron desviar el rumbo prometedor que tenía la saga.

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217. Hannah y sus hermanas

Hannah and Her Sisters. 1986

Woody Allen

Todo lo que puede caber en una comedia de Woody Allen


No me gustaría ser un personaje de una película de Woody Allen, aunque a veces creo que encajo perfectamente en el perfil. Nuevamente el director neoyorquino nos habla de una de las cosas que más conoce: adultos que creen que son dueños de las situaciones, hombres y mujeres a los que les falta crecer, gente caprichosa, vulnerable, autosuficiente o todo lo contrario.

Hannah (Mia Farrow) es, de las tres hermanas, la que parece tener una vida estable, toda su familia la busca cuando necesitan algo, y ella poco parece necesitar de los demás. Pero su esposo (Michael Caine) está enamorada de Lee (Barbara Hershey), hermana menor de Hannah, una mujer algo confundida y sensible, que a su vez tiene por novio a un exprofesor suyo que vive recluido en una vida de creador, aislado de la sociedad por su misantropía. La tercera hermana, Holly (Dianne Wiest), no encuentra su lugar en el mundo y cambia continuamente de vocación, siempre pidiéndole ayuda económica a Hannah para cada nueva aventura laboral. En medio de todo eso se encuentra el exesposo de Hannah, un excéntrico e hipocondríaco productor de televisión, papel que, por supuesto, le toca al mismo Allen interpretar.

Así las cosas, y las situaciones que se dan, propias del universo Allen comienzan a sucederse las unas con las otras. Por supuesto, el director se toma su tiempo para incluir cínicas bromas acerca de la situación humana, de nuestra vulnerabilidad y de nuestra necesidad (¿o necedad?) por querer encontrar la explicación a todo a través de la religión (en una escena corta pero magnífica y muy directa en la que el personaje de Allen saca un crucifijo y una Biblia de una bolsa de mandado, para luego sacar una barra de pan y un bote de mayonesa), entre tantas otras cosas.

Mucha gente dice que es el mejor trabajo del director, pero en realidad yo tendría unas 4 ó 5 que colocaría como favoritas antes que esta. De las mejores, eso sí…

9 de 10.

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167. Labyrinth

Labyrinth. 1986

Jim Henson

¡Hey, no es tan malo ver una película de muppets!

Hace un poco más de un par de años supe por primera vez de la película “The Dark Crystal”, y sinceramente no me llamó ni tantito la atención. Dirigida también por Jim Henson, creador de “El Show de los Muppets”, aquel filme, que antecedió a “Labyrinth” tenía varios elementos que no me desconcertaron mucho y no me permitieron darle seriedad, principalmente, por supuesto, el uso de los muppets para todos los personajes.

En ese sentido “Labyrinth” es algo diferente. Sin ocultar sus referencias hacia “Alicia en el País de las Maravillas”, el filme presenta la historia de Sarah (una joven Jennifer Connelly), una niña chiflada y fantasiosa que entrega, casi sin quererlo, a su hermano recién nacido al rey de los Goblins (un magnífico David Bowie). Ahora, para recuperarlo, Sarah deberá cruzar un imposible laberinto repleto de criaturas extrañas y adversidades. En este sentido, el filme es fácilmente equiparable a los libros de Lewis Carroll, tanto en situación, personajes y el tipo de humor que se maneja.

Aunque el filme en su momento fue un fracaso comercial, hoy es considerado de culto, y creo que con razón. Por supuesto que es extraño ver a Bowie en este papel, aún si este artista ha hecho de todo. Sus números musicales podrían ser un tanto innecesarios, pero de faltar le restarían un poco de magia y simpatía al filme, que resulta particularmente interesante en cuanto al discurso sobre crecimiento y madurez, mezclando elementos profundos y confusos con personajes graciosos, afables y en ocasiones misteriosos. Al final, creo que nunca se trató de una película para niños, aunque el final intente ocultarlo.

8 de 10.

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88. Pretty in Pink

Pretty in Pink. 1986

Howard Deutch

Las teen-movies son como partidos de futbol

Pues ayer me eché una vuelta a las proyecciones de Videodromo para ver la película que presentó Mirtha, de QuieroPosh, como programadora invitada. Su elección fue “Pretty in Pink”, una teen-movie extremadamente ochentera que seguramente nunca hubiera visto de no haber sido por este evento.

Tengo que confesar algo que casi nadie sabe de mí (y procuraba que nadie lo supiera, pero bueno): cuando las películas de este tipo me atrapan bien cabrón, algo que sucede a menudo, me provocan la misma sensación que experimento en un partido de futbol gritándole al árbitro o al aire, o aquello que sentía en los show infantiles de aquellos donde nos preguntan a los niños por dónde se había ido el malo. Talvez algo parecido le pasa a mi amiga Dany porque nosotros éramos los que en la sala nos reíamos de todos los chistes old-school y hacíamos gestos como aquellos que pasaban en las caricaturas de “El Fantasma del Espacio” que emulaban las supuestas reacciones del público (risas, ternura y demás).

“Pretty in Pink” es una película algo simplona, como se puede esperar de cualquier teen-movie o teen flick, con muchísimos clichés de personajes y hasta del sentido del humor que maneja John Hughes, guionista de películas del estilo como “Flubber”, “Beethoven”, “Ciencia Loca”, “Home Alone 3”, “Daniel el Travieso” y “Maid in Manhattan”, entre otras. Por supuesto, no podían faltar varios gags con la cara del perro.

La cinta presenta a Molly Ringwald, que me recordó demasiado a cierta chica texana que me gustaba mucho, en el papel de Andie Walsh, una chica no muy popular que confecciona su propia ropa por no tener dinero para comprar nueva. El buen Harry Dean Stanton aparece como el padre de Andie, y el hecho de que a él lo haya dejado su esposa hace 3 años y se encuentre en una depresión provoca que él y y su hija se encuentren en una mala situación económica, lo que ocasiona básicamente los conflictos más fuertes de la trama. Andie se enamora de un chico “perfecto” interpretado por Andrew MrCarthy (hoy perdido en el anonimato) y James Spader es su mejor amigo, un ricachón que desprecia rotundamente a los que no son de su posición socioeconómica. Por supuesto, no hay que olvidar a Jon Cryer en el papel de Duckie, que es de lo mejor de la película. Se podrá decir cualquier cosa, pero el filme tiene buenas actuaciones.

El reflejo de la sociedad estadounidense que nos dejan este tipo de películas que hasta la fecha han cambiado poco su fórmula y su estructura, es de que los jóvenes de esas edades sólo se preocupan por verse bien, todos son unos desgraciados salvo por, digamos, unos tres o cuatro que se salvan que ser quemados en la hoguera, y para todos lo más importante de sus vidas es el famoso baile de graduación, una preocupación que yo realmente jamás tuve en mi juventud. En relación con los filmes de este tipo que actualmente se realizan, “Pretty in Pink” se siente mucho más inocente, conmovedor y hasta gracioso, aunque aquí se tienen que incluir los factores nostalgia y risa nerviosa de reconocer la cantidad de ridículos de la época.

8 de 10. Ver bajo determinadas circustancias.

“He’s good. She’s good. He’s just Duckie” – tagline de la película.

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73. El Castillo en el Cielo

Castle in the Sky (Tenkû no shiro Rapyuta). 1986

Hayao Miyazaki

La fórmula Ghibli comenzaba a probarse

Dentro de las pocas películas que me faltan de ver de Hayao Miyazaki estaba ésta de 1986, cuyo título en español podría haber sido “El Castillo de Laputa”, pero eso hubiera confundido y atraído a otro tipo de audiencia en vez de la gente que usualmente ve este tipo de filmes.

Debo decir que ya casi por terminar de revisar por completo la obra de este director japonés de animación, echo en falta cierta experimentación, al grado de sentir que en los estudios Ghibli ya existe algo parecido a una fórmula para hacer películas, como las que existen también en Disney y otros estudios grandes. Si tuviera hijos, les pondría a ver primero todo lo que hace la compañía japonesa antes que lo hacen los americanos, por sus mundos más fantásticos e imaginativos, ilustraciones, historias e inclusive los valores que éstas transmiten. Aún así, y habiendo dicho esto, creo que a Ghibli le está faltando atrevimiento para abordar diferentes temas, personajes, ambientaciones y demás, pero talvez por lo titánicas de sus producciones y el tiempo que éstas toman en materializarse (los estudios siempre le tiran a lo que ellos consideran “seguro”), Miyazaki y sus secuaces prefieren irse por lo que ya saben que hacen bien.

“El Castillo en el Cielo” presenta a Sheeta, una joven princesa que ha sido raptada por unos militares a la vez que es perseguida por un inepto grupo de piratas comandados por Dola, quien, por cierto, tiene el mismo rostro de la típica bruja de todas las películas de Miyazaki. La princesa logra escapar de su rapto y, mediante la ayuda de un misterioso  collar con una poderosa piedra, llega a la casa de Pazu, un niño de una aldea, que debe ayudar a Sheeta a descubrir su destino a la vez que intenta probar la existencia del castillo flotante de Laputa, del cual alguna vez su padre le habló. Desgraciadamente,  la historia es bastante predecible y, si bien 13 años antes, plantea el mismo discurso cliché de “Avatar” (por cierto, una película que tiene muchos puntos en común con la de Miyazaki) y cientos de otras películas, entre ellas un par también de Miyazaki.

La película, inspirada en el libro “Los Viajes de Gulliver”, de Jonathan Swift, fue estrenada en Japón en 1986 pero fue hasta 2003 (después de que “El Viaje de Chihiro” ganara el Óscar a Mejor Película de Animación) que se estrenó en varios países y tuvo la atención merecida, llegando incluso al punto en que actores como James Van Der Beek, Anna Paquin y Mark Hamill grabaran las voces para el doblaje en inglés, un fenómeno que ya se ha vuelto una constante para las películas producidas por Ghibli, ahora bajo el amparo de Walt Disney.

7 de 10.

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