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225. Pink Floyd The Wall

Pink Floyd The Wall. 1982

Alan Parker

El emblema de una generación (que otras también debemos disfrutar)


Las generaciones pasan dejando atrás modas, música, ideologías, quejas y preocupaciones. Algunas cosas permanecen en el sentimiento colectivo de las sociedades, como parte de la historia, y es esta una de las maneras en que las nuevas generaciones tienen un puente hacia el pasado aunque muchos años hayan transcurrido. Lo que Pink Floyd significó (y para muchos, sigue significando) y terminó de construir no podrá ser olvidado. En una sola película condensó los sentimientos y sensaciones de un país, de una sociedad, de una generación…

El filme tiene su origen incluso antes de que en 1979 se estrenara el disco homónimo. Con esa atención especial que el grupo siempre tuvo por las presentaciones en vivo (así como por tantas otras cosas más, debe decirse), se le encargaron una serie de animaciones al caricaturista inglés Gerald Scarfe para que estos sirvieran de visuales durante la nueva gira, las cuales, junto a cierto material de las presentaciones, deberían servir para conformar una película que sería protagonizada por el mismo genio ególatra Roger Waters. Fue entonces que Alan Parker, quien por aquel entonces había ya cosechado frutos con “Fame” y “Midnight Express”, se interesó por el proyecto y comenzó a escribir el guión de un filme más en forma, con la aprobación de Waters, por supuesto.

Tras una serie de pruebas de cámara, Parker decidió remover a Waters del papel principal (personaje que, estúpidamente, se llama Pink Floyd) y colocar ahí al músico de punk Bob Geldof, en parte responsable de la última presentación del grupo en el Live 8 de 2008, un evento realmente memorable por muchos motivos. Realizada en una etapa turbulenta hacia el interior del grupo en la cual incluso Waters logró remover al tecladista Richard Wright (que regresaría como músico bajo contrato luego de la salida del mismo Waters de la banda), resultaba obvio que también habría problemas con el filme, y esto sucedió cuando el creador, escritor y mente maestra detrás del álbum se fue 6 semanas de vacaciones para llegar y descubrir que Parker había cambiado muchas partes de la historia según su parecer. Finalmente fue David Gilmour quien le recordó a Waters que el resto de la banda también tenía derecho a votar sobre el material final.

Historia aparte, el material, una combinación de metraje filmado con Geldof en el cual hay muy poco diálogo y las geniales secciones animadas de Scarfe, encierra una gran cantidad de conceptos (principalmente negativos) de una sociedad y una época. La película tiene para todos y no deja títere con cabeza. Guerra, gobierno, sistema educativo, fascismo, racismo, violencia, la sexualidad como vehículo de control, el uso de drogas, sobreprotección materna, adulterio, la voracidad de la industria musical, el sistema judicial, el fanatismo, la sociedad inculpadora y un largo, largo etcétera, tan largo como las infinitas interpretaciones de lo que podría simbolizar “el muro”. Entre las letras de las canciones y las imágenes presentadas se presentan ideas que calan profundamente, centrándose en el dolor de un personaje a su vez víctima y victimario.

Definitivamente una película que recomiendo a cualquiera que no la haya visto, que tenga capacidad de entendimiento y que quiera apreciar las posibilidades que se pueden explorar con la música con ideas, no la mierda que hay en la radio. Pink Floyd es mi grupo favorito, y a mi parecer muchas de sus canciones alcanzan dimensiones divinas como ningún otro grupo lo ha logrado.

9 de 10.

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148. Missing

Missing. 1982

Costa-Gravas

Costa-Gravas y su cine político

Lo poco que he visto de este realizador griego me deja algo perturbado y con una sensación de frustración y apatía por la política. Costa-Gravas ha expuesto abiertamente sus ideologías en torno a las dictaduras y problemas políticos en diferentes regiones del mundo, convirtiéndose así en el blanco de censuras y persecuciones políticas.

Con “Missing”, el aclamado director llamó la atención hacia las problemáticas que persistieron en Chile durante la dictadura de Pinochet tras el golpe de estado de 1973, en el que se derrocó al entonces presidente Salvador Allende. Matanzas, fusilamientos, desapariciones, censura a los medios de información y, más específicamente en el filme, el involucramiento del gobierno estadounidense en el golpe de estado y eventos posteriores.

Charles Horman (John Shea) es un reportero americano que desaparece tras enterarse de cierta información alarmante que incriminaría al gobierno de su país. Su esposa (Sissy Spacek) y su preocupado y conservador padre (Jack Lemmon) inician entonces una frustrante labor de investigación por su propia cuenta para dar con el paradero de Charles, desenmarañando poco a poco la red de mentiras y engaños que compartían los gobiernos de Chile y Estados Unidos.

Personalmente no soy muy adepto al cine demasiado político, y en todo caso lo prefiero a manera de un buen thriller. “Missing”, en cambio, se presenta más como drama y misterio, pero más cargado hacia el primero y con muchos tintes de ideologías políticas que se nota que a Costa-Gravas le resultaba difícil ser un poco más neutral.

El filme ganó el Óscar a Mejor Guión Adaptado, pues está basado en el libro “La Ejecución de Charles Horman”, publicado en 1978 y escrito por Thomas Hauser, para el cual colaboraron los familiares del reportero desaparecido. Spacek y Lemmon estuvieron a su vez nominados por sus roles, y la película perdió el Óscar a Mejor Película a manos de “Ghandi”, aunque logró hacerse de la Palma de Oro en Cannes ese mismo año.

Sin embargo, para mí, a pesar de unas muy buenas actuaciones, es sólo un 6 de 10.

Como nota adicional, la escena de la imagen de arriba es la mejor de la película, muy potente.

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128. White Dog

White Dog. 1982

Samuel Fuller

Oh my dog! Un perro que mata gente negra

“White Dog” es una película muy controversial por el tema que maneja. Para dejarlo claro, se trata sobre un perro de raza pastor alemán que ha sido entrenado para matar a gente de raza negra. Tratar un tema tan peculiar pero también tan delicado le trajo muchos problemas a la Paramount por parte de la NAACP (National Association for the Advancement of Colored People), que amenazaba con boicotear el estreno de la película, entonces los estudios decidieron autocensurar la película hasta que, más de 25 años después de su supuesto estreno, la Criterion Collection tuvo la osadía de comercializarla en DVD, aunque a veces este tipo de discusiones con el tiempo pierden su relevancia, además, seguramente la gente de la NAACP no se molestó en ver el filme en su momento, pues éste no es racista, sino todo lo contrario.

El filme toca difíciles temáticas como el odio y la discriminación racial, el condicionamiento social, las relaciones de los humanos con sus “mascotas” y animales además de la ética que debería involucrar la educación de un animal de compañía que también es capaz y tiene la suficiente fuerza como para asesinar a una persona. Hay algo en algunos filmes de los 80’s que están cargados de audacia y valentía, que presentan sus historias sin tocarse el corazón o querer disfrazarlo como ficción. Se me vienen a la mente “A Wicker Man” y “Rosemary’s Baby”, entre otras, pero “White Dog” es otro ejemplo perfecto de un potente, valiente y crudo filme que no busca complacer a nadie ni dar esperanza de que al final todo terminará bien.

Basada ligeramente en una novela autobiográfica del escritor francés Romain Gary (quien también hizo un par de filmes como director) y con guión de Curtis Hanson (“L.A. Confidential”, “8 Mile”, “Wonder Boys”), la película iba a ser dirigida por Roman Polanski, ya pero fue justo en ese momento que el polaco fue acusado de violación, el crimen por el que todavía lo sigue buscando la justicia estadounidense.

La banda sonora de Ennio Morricone no destaca demasiado pero sí disfraza la película como un filme de terror y suspenso, mientras que otras escenas se manejan como drama. Las actuaciones son regulares, algunos personajes están construidos con algo de inocencia, aunque esto es común de muchos filmes de la época.

8 de 10.

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68. The King of Comedy

The King of Comedy. 1982

Martin Scorsese

Scorsese y De Niro fuera de registro

Hace un par de años vi “The Fearless Vampire Killers or: Pardon Me, But Your Teeth Are in my Neck”, de Roman Polanski, la cual me había recomendado una amiga mía muy cinéfila, y me hizo pensar que, o muchas veces algunos grandes directores no pueden con el género de comedia, o el tono o tipo de comedia que se manejan dista mucho del que a mí me gusta. De cualquiera de las dos maneras, ni ésta ni “The King of Comedy” me hicieron reír cuando lo pretendían, pero al menos el filme de Scorsese no es precisamente en tono de comedia, sino que representa un retrato de un personaje peculiar y que vive entre la realidad y la fantasía.

Robert De Niro, otrora actor fetiche de Scorsese, interpreta a Rupert Pupkin, un aspirante a comediante que ha estudiado religiosamente a su ídolo y mentor Jerry Langford, un famoso presentador de televisión. De Niro está bien en su personaje aunque para mi gusto algo fuera de registro, es decir, en un papel que no le había yo visto nunca, porque si bien De Niro ya ha sido visto en comedias (pocas), normalmente hace de bravucón, el papel en el que normalmente lo clasifican todos. Pupkin es tan molesto y tan perdedor que cae mal, aunque el personaje logra mi empatía o, al menos, entendimiento, cuando por fin hace su monólogo de stand-up comedy.

El filme se siente ochentero (lo cual implica muchas cosas, sobre todo aspectos técnicos y artísticos) y me resultó un tanto incómodo y, a ratos, poco interesante. El retrato de un personaje como Pupkin está bien planteado, pero mi interés hacia la temática de la búsqueda de la fama y los complicados procesos y filtros para llegar a ella es muy poco.

6 de 10. No todos son Stanley Kubrick para moverse libremente por todos los géneros…

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