Archivo mensual: febrero 2010

29. The Wrestler

The Wrestler. 2008

Darren Aronofsky

Aronofsky se avienta desde la tercera cuerda y se reinventa

Dicen que Mickey Rourke no cobró por participar en este filme, pero sí tuvo que entrenar mucho y hasta ganar muchos kilos para realizar su aplastante interpretación de Randy “the Ram” Robinson, un luchador venido menos que le da muchísimo aire a Hulk Hogan. El papel le valió al actor, quien fuera boxeador profesional de 1991 a 1995, sus primeras nominaciones tanto a los Globos de Oro como a los Óscar. Los estudios querían a Nicolas Cage, pero cedieron ante la insistencia de Aronofsky y qué bueno que le hicieron caso, pues la película no hubiera sido la misma sin Rourke.

En tan sólo 40 días se filmó “The Wrestler” con un presupuesto modesto para los estándares de Hollywood y con la participación y apoyo de mucha gente, entre ellas, caso curioso, el de Axl Rose de Guns n’ Roses, quien permitió que se utilizara sin costo la canción “Sweet Child O’Mine” para la escena de la pelea final. Todo lo generado en torno al filme es de mucho interés (como el hecho de que el actor Scott Siegel, que aparece como dealer de esteroides fue arrestado precisamente por esos cargos pocos meses después del estreno), pero principalmente lo que importa es que “The Wrestler” es el resultado del buen trabajo de mucha gente y una muy buena película.

Hace un par de años, al ver “The Fountain” (“La Fuente de la Vida”) pensé que habíamos perdido a uno de los directores más interesantes de los últimos tiempos, pero ayer descubrí que el tipo sólo se apendejó tantito y hoy está de vuelta (como su personaje y como su actor principal), se lanzó desde la tercera cuerda al salirse de su estilo de realización y de contar historias y nos da unas bofetadas a los que los dudamos de él. ¡Qué buenas películas me ha tocado ver últimamente!

El filme mezcla temáticas frescas, no tan vistas ni populares junto con otras más comunes pero igualmente honestas. Un luchador en todo el sentido de la palabra (no puede dejar de ser quien es) se enfrenta veinte años después de su última gran pelea con la vida común, la cual talvez nunca abandonó, mientras intenta sobrevivir, pasarla bien, ser alguien y no sentirse tan solo en el proceso. El tratamiento fluctúa entre sentimientos presentados como frustración, arrepentimiento, soledad, lucha, presentándonos escenas muy interesantes y a veces con mucha sensibilidad. Randy ha dejado de ser una estrella pero aún mucha gente le quiere, le respeta le conoce, principalmente aquellas personas con las que trabaja sobre el ring. Sin embargo, en el plano personal, es una persona torpe y burda. A pesar de la simpatía que Cassidy (una stripper interpretada también muy bien por Marisa Tomei), él no puede lograr que ella le quiera. Lo mismo con su hija (Evan Rachel Wood, también muy bien en sus papeles de adolescente americana enojada), a la cual abandonó unos años atrás y con la cual busca establecer de nuevo una buena y sana relación.

Realmente hay muchas cosas qué decir de esta película, la fotografía está muy bien, a veces algo sobreexpuesta y con mucha corrección de color. Las escenas de las peleas están muy bien rodadas también. Las actuaciones son excelentes. La música ochentera-noventera sitúa bien la historia con un tipo de personajes que hemos visto en Estados Unidos. Las temáticas están abordadas de una manera muy sobria que nunca llega a sofocar y sí a conmover. La edición funciona casi perfectamente salvo por un par de flashbacks inmediatos a los que no les encuentro mucho sentido, y el guión está también casi perfecto salvo por el tonto cliché del final que se asemeja a tantas películas donde el personaje dice “me doy cuenta de algo y me voy corriendo para llegar”, algo así como “last-minute realizing”. Por lo demás, se establecen buenas analogías entre las profesiones de los dos personajes principales y, junto con otras secuencias muy interesantes como todas aquellas donde se presenta el lado oculto del espectáculo de la lucha americana, se agradecen mucho.

Me gustaría hablar más tranquilamente de esta película pero no tengo mucho más tiempo. De todas maneras ya está bastante larguita la entrada…

8 de 10. Muy recomendable.

“I lost the house, the wife, the credibility, the entourage. I lost my soul. I was alone… I’m sort of OK with it now, but the first time I’m in there, pushing a fucking cart, getting my supper. I used to go to the 24-hour place in gay town, so no one would recognize me. The only thing I could afford was a shrink, so that’s where my money went. Three times a week for the first two years. The year after that, twice a week and now I’m down to once a week. I’ve only missed two appointments in six years,” – Mickey Rourke, acerca de su vida.

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28. Frantic

Frantic. 1988

Roman Polanski

Hace unos años, cuando Polanski emulaba a Hitchcock

Tanto se habla de Roman Polanski últimamente con el estreno de su última película y su arresto en Suiza por el delito cometido hace muchos años en una casa en la calle Mulholland Drive propiedad de Jack Nicholson. El realizador de origen polaco es un personaje en sí, con una vida ajetreada, algo surrealista y turbia, que incluye el asesinato de su esposa Sharon Tate a manos del clan de Charles Manson. Todo esto que le ha tocado vivir, traducido a su filmografía, se muta en filmes a menudo un poco oscuros, sofocantes y con una visión algo pesimista del mundo que se presta perfectamente para el tipo de historias que el director nos presenta. Personalmente creo que sus mejores calificaciones como creador audiovisual se encuentran en el género del suspense o thriller, de ahí el origen del título de la crítica.

Antier intenté presentarles la genialísima “Chinatown” a mis amigos, pero empezar a verla a las dos de la mañana frustró pronto la hazaña. El plan se vino abajo y ayer a mediodía fui a tomar de Videodromo otras tres películas, saliendo de ahí con “Cochochi”, “The Wrestler” y “Frantic”, para seguir en la línea de Polanski. Sin saber a lo que me enfrentaba, puse la película en el reproductor para presenciar el peor menú de DVD de la historia, entonces le di Play y comenzó el metraje con una secuencia con música algo mala presentando a una pareja a bordo de un taxi arribando a la ciudad de París. De entrada se notaba un filme ochentero.

Harrison Ford interpreta al Dr. Richard Walker, quien viaja a la ciudad europea junto con su esposa (Betty Buckley) para dar unas conferencias. Muy pronto a su llegada, ya en el hotel, la mujer recibe una misteriosa llamada mientras el doctor se está duchando y, agitada, abandona rápidamente la habitación. Como espectadores nos quedamos con muchas dudas desde el principio, además de que al contarnos la historia desde el punto de vista del personaje de Ford, tampoco escuchamos nada de la conversación telefónica, que desencadena en la desaparición de la señora por un aparente secuestro. Mientras nos encontramos tan desconcertados como el personaje, la historia se convierte en un thriller de ritmos pausados, poca pero muy intrigante información y muchos personajes pequeños que hacen avanzar y girar la trama.

Polanski sitúa a su personaje principal en una situación muy parecida a la que encontraríamos en una película de Alfred Hitchcock, incluso recuerdo haber visto en alguna clase de cine el inicio de uno de sus filmes, en el cual, si mi memoria no me falla, una pareja llegaba de vacaciones a un país africano tipo Marruecos y la mujer se perdía. No he vuelto a ver esa película a pesar de que la he buscado. Polanski ya había logrado en el ’74 mutarse en Hitchcock para contar de una manera tan magistral la historia de “Chinatown”, con la diferencia de las temáticas que se tratan y que el trabajo del polaco se siente menos ficción que lo de Hitchcock y menos novela de detectives.

El caso es que en “Frantic” se hacen presentes algunos puntos que permanecieron en la filmografía del realizador inglés, y aunque el doctor interpretado por Ford conoce a una joven y arriesgada mujer llamada Michelle (la hermosísima Emmanuele Seigner) que le ayuda en su investigación y le sirve de traductora, el resto del tiempo él se encuentra solo contra el mundo en un país ajeno al suyo, con una manera diferente de hacer las cosas, la frustración que esto trae consigo y las inminentes barreras de la cultura e idioma. El personaje va saliendo de sí y de su vida tranquila y común para recuperara a su esposa, perdiéndose poco a poco en el camino y dando lugar a una escena tan brillante como lo es en la que Seigner y Ford bailan en el club. El desdoblamiento del personaje principal está muy bien delineado y logrado, y en general el filme cuenta con muy buenas actuaciones.

Una de mis pocas quejas podría ser que Polanski no cuida tanto la imagen como la hace en otras de sus películas y el look ochenteno, así como cierta música (dejando a lado la compuesta por Ennio Morricone, la cual, en verdad casi nunca noté su presencia) se siente muy pasada de moda, pues la película está situada en los 80’s. A lo que me refiero es que sí se propone una fecha muy clara para situar los eventos, pero la película se siente vieja muy rápido a pesar de ser de casi finales de la década.

8 de 10.

“Siempre que me pongo contento, me da un sentimiento terrible” – Roman Polanski.

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27. Una Historia Violenta

A History of Violence. 2005

David Cronenberg

El tratamiento de la violencia por alguien que sabe meterse a las entrañas

David Cronenberg es un director complicado, algo impredecible y muy visceral que estrena una película cada dos o tres años nunca con afán de conquistar nuevos públicos sino más bien persiguiendo sus permanentes fijaciones por las transformaciones (ya sean físicas o internas), la trastornada mente humana y demás temas incómodos.

En “Una Historia Violenta”, el director canadiense hace por primera vez uso del estadounidense Viggo Mortensen (a.k.a. Aragorn), quien, con su look desconcertante, retrata a un hombre aparentemente sencillo y simple que vive una vida tranquila con una bonita familia en un pueblo perdido en algún lugar de los Estados Unidos. Al lugar llegan un par de asesinos errantes buscando problemas y, al intentar asaltar el pequeño restaurante propiedad de Tom Stall (Mortensen), éste reacciona para, en un par de movimientos ágiles, matarlos con una facilidad y habilidad sorprendentes. La atención mediática que recibe al ser considerado un “héroe americano” genera que un grupo de mafiosos vaya a buscarlo con la intención de saldar cuentas con alguien con quien parecen confundirlo.

En su manejo de una temática tan complicada y sensible como es la violencia y los dos lados de la naturaleza humana, Cronenberg es realmente sorprendente. El director presenta escenas sórdidas, inquietantes y desconcertantes donde los personajes explotan, salen de sus casillas y distorsionan todo con un par de golpes, balazos o desnucamientos al estilo Steven Seagal pero más rudo, crudo, sangriento y directo, tanto que resulta realmente perturbador presenciar algo de esa naturaleza sin adornos hollywoodenses, pues definitivamente no se trata de ver qué tan hábil es el personaje con los puños o con las armas, sino lo que le motiva y le detiene de convertirse en tal o cual persona. Los conflictos internos de cada personaje pesan mucho más que las escenas de acción, algo que se agradece infinitamente, además de que en sí, la construcción de los mismos está muy bien ejecutada, cada uno cumple una función y tiene sus picos de interés, dándosele su debida atención a cada uno.

Como las demás películas de David Cronenberg, “Una Historia Violenta” no es una película común ni para todos los gustos, pero sus múltiples méritos no pueden ser pasados por alto por nadie. Cuando terminé de ver esta película realmente me quedé sorprendido, conmovido y acongojado por lo que en ella se representa. A través de sus personajes tanto el director así como los escritores y creadores de la novela gráfica en la que está basada nos brindan un discurso arriesgado y polémico pero hoy en día innegable: La violencia forma mucha más parte de nuestras vidas de lo que a veces quisiéramos. Y cada vez hay menos argumentos para negarlo, sólo falta encender el televisor para sentirse oprimido por todo lo que pasa en nuestro país.

9 de 10.

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26. Deadline

Deadline. 2009

Sean McConville

La pobre Brittany Murphy nunca supo escoger bien sus papeles

Esta película es una de las peores que haya visto en los últimos años. Si el género de terror está tan subvaluado es por películas como ésta en las que todo es cliché, no se inventa nada, no se les mete cariño a los personajes ni a las actuaciones ni nada. La pobre Brittany Murphy nunca pudo hacer decisiones acertadas al momento de escoger sus papeles, o talvez no le ofrecían nada interesante por sus limitadísimas habilidades actorales. Es cierto que participó en dos que tres proyectos interesantes tales como “Sin City” y “Girl, Interrupted”, pero no pienso ver más películas con ella sólo para descubrir si no era tan mala como pienso.

“Deadline” es una horrorosa película que, para fortuna de todos, no ha salido aún en los cines de México. En ella se presenta la “historia” de una escritora con un pasado muy turbio aún no superado que decide irse a las afueras de la ciudad a una vieja y grande casa que le presta un amigo suyo productor para que se dedique a escribir un guión de cine que tiene atrasado, aprovechando que no quiere quedarse en la ciudad por si a su exnovio golpeador recién salido de la cárcel se le ocurre buscarla. Total que llega a la casa con más puertas rechinantes del planeta y encuentra unos videos que va viendo convenientemente según el progreso de una historia alterna sobre algo que pasó en esa casa con una pareja…

Con decir que lo mejor de la película fue los chocolates que me comí y después la fotografía y un poco la música. El guión es horroroso, se han de haber tardado 3 días en terminarlo (como el personaje de Murphy). La actuación de la ahora occisa es muy mala, a veces parece que está sonriendo en vez de estar asustada, además en esta película se parece a la Juliette de “Lost” que también me cae bien fatal. La dizque escritora de cine (ahí va esto para el Arriaga) se dedica más a bañarse, a estar triste y deprimida, a curiosear tontamente por la ruidosa casa y ver videos absurdos que se supone grabó el marido de la pareja que antes ocupaba la casa, que a hacer lo que dice que fue a hacer: trabajar en su guión. Vaya, los fantasmas utilizan más su computadora que ella.

Se espera que se hablen maravillas de la gente una vez que ésta ha muerto, pero la verdad sea dicha, Murphy nunca tuvo el peso para sustentar por sí sola una película, ni siquiera una de terror moderno donde todo lo hace la edición, los movimientos de cámara lentos y, principalmente, el ingeniero de sonido. El resto del reparto, completado con puros desconocidos salvo la medianamente conocida Thora Birch (“Ghost World”), está tan mal como su estrella. El final es pésimo y predecible, pero alguien ahí propone un giro de locura que, francamente, a esas alturas, ¿a quién le importa?

3 de 10. Los 3 puntos fueron logrados principalmente por la fotografía y la música, además de que la película representa el trabajo de mucha gente.

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Cercano Occidente, lejano Oriente: Puntos de encuentro entre el cine de Samurais y vaqueros

Introducción. Los hombres de Oriente y Occidente

Cada cultura, a lo largo del tiempo y como reflejo en parte de su autoestima, orgullo y necesidad de ello, se ha preocupado por crear una mitología propia, una idealización de su entorno, de su propia gente, creando héroes, personas o personajes que sobresalen de entre los demás a pesar de las dificultades.

Particularmente llama la atención la idealización que el cine y, a la par o incluso antes, la literatura han creado en dos polos opuestos como Japón y el Sur de los Estados Unidos, donde encontramos personajes, situaciones, decorados y preocupaciones similares. Siendo mundos tan distantes y distintos, pareciera como si la mitología alrededor de los hombres duros, valientes y desafiantes que han creado estas dos culturas encontrara muchos puntos en común, cambiando sables y espadas por pistolas y lazos, así como humildes túnicas y sandalias por mezclilla y sombreros texanos. A fin de cuentas, la humanidad entera parece siempre estar conectada: todos sentimos lo mismo, todos necesitamos lo mismo, a todos nos preocupan más o menos las mismas cosas.

 

Los grandes maestros y su influencia mutua

El cine de samuráis fue llevado a su máximo esplendor por el maestro japonés Akira Kurosawa, mientras que el western tuvo su propio maestro: el estadounidense John Ford. Contemporáneos, ambos llevaron su propio género a la gloria, cada uno desde su trinchera y, curiosamente, con personajes algunas veces repetidos. Ya sea con Toshirô Mifune o con John Wayne, los valientes y solitarios personajes crean una mitología en el mundo en el que viven.

Mucho se ha hablado de la influencia mutua que compartían ambos directores, así como la influencia del japonés en el cine de Sergio Leone, al punto de que se hicieron remakes de “Yojimbo”, de “Los Siete Samuráis” y demás. Los personajes sin nombre de Clint Eastwood son como los personajes con nombres inventados de Sanjuro y Yojimbo.

 

Los enemigos: Contra quien o qué luchan

Primero que nada estos personajes luchan contra sí mismos y contra su pasado (éste rara vez explicado) que los hace actuar de una forma fría y distante ante la gente que les rodea. Se ve en su desenvolvimiento que son personas frías, duras, que claramente han batallado para sobrevivir. Suelen ser solitarios y orgullosos, al punto de, en ocasiones, parecer malas personas, pero siempre tendrán un punto de inflexión, algún momento en que demuestren su bondad y compasión por el prójimo más desventurado, como cuando Tom Ponhiphon, el personaje de John Wayne, socorre al moribundo Ransom Stoddard, personaje interpretado por James Stewart, en “El Hombre que Mató a Liberty Valence”, o cuando Sanjuro socorre a la mujer que ha sido raptada y socorre a la familia dándoles todo su dinero en “Yojimbo”.

Por otra parte, en ambas cinematografías es muy clara la existencia de un conflicto social o de época que lo envuelve todo. Claramente, en el cine de vaqueros hay un proceso muy duro, aparentemente inevitable y radical que está tomando forma: la industrialización, la llegada de la civilización, el asentamiento, el paso hacia una sociedad organizada, con leyes, ferrocarriles, políticos y estructura de gran ciudad. Ya no más los habitantes del pueblo tomarán la ley por sus manos, talvez estas sean las últimas ocasiones en que un hombre se convierta en héroe por matar a un villano sin ser llevado a la cárcel como un criminal.

Por su parte, la vertiente oriental nos presenta, talvez menos claramente, un caso similar pero con un mensaje distinto: la falta de organización, los lugares donde no funciona la ley, donde cada uno hace su propias reglas, la falta de protección por parte del gobierno, la carencia de policías y demás, que genera sociedades confrontadas donde libremente los criminales vagan y hacen sus felonías, de ahí la necesidad del samurai. En ambos casos los policías pueden ser retratados como inútiles y estúpidos, claros ejemplos son nuevamente “Yojimbo” y su policía loco y “El Hombre que Mató a Liberty Valence” y su policía gordo, inútil y cobarde al cual nadie muestra respeto.

La confrontación entre lo moderno y lo obsoleto, entre lo primitivo y lo nuevo, se da mucho más claro en el western, en el caso de “El Hombre que Mató a Liberty Valence”, el western tardío de John Ford, esta confrontación se personifica en los personajes de John Wayne y de James Stewart, simbolizando claramente cada uno una contraparte: James Stewart es portador de la modernidad, el progreso, es el hombre de leyes y estudios que viene a dar un giro de modernidad al pequeño pueblo, mientras que John Wayne representa a ese vaquero varonil, pueril y rudo en mayor armonía y contacto con la naturaleza, alejado de la civilización y los modales.

El rechazo a la centralización del poder político que se da en el western resulta un tanto diferente tratada en Japón, esto puede deberse a que el poder político rara vez se manifiesta o a que realmente los viejos, que son los que poseen la sabiduría, actúan como los líderes a los que se les pregunta los pasos a seguir para solucionar el problema en cuestión; La combinación de la sabiduría de este viejo y los conocimientos tácticos y perspicacia de los samuráis será finalmente la determinación a seguir, como en el caso de películas como “Sanjuro” o “Los Siete Samurai”.

La problemática social en el cine de samuráis bien podría ser por otra parte el temor a la “occidentalización”, dando con esto a entender la pérdida de ciertos valores inminentemente orientales como el honor, el respeto por la naturaleza, el valor de la espiritualidad. Tal parece que lo nuevo en una ciudad o un pueblo japonés viene de costumbres ajenas, como el uso del revólver (a pesar de que la pólvora se inventó en China), las apuestas, la materialidad de los personajes, principalmente, por supuesto, los villanos. Si bien esto podría no estar tan claro, también es cierto que no se busca satanizar la influencia extranjera pero sí hay un discurso de vuelta a la naturaleza, a lo básico, al estado más puro del hombre, donde convive mejor con su entorno y es más dueño de sí.

 

Personalidad, motivaciones y mujeres

Las diferencias entre los westerns y el cine de los samuráis, así como las similitudes, son muchas, pero una de las más importantes es el motor de los personajes, lo que los lleva a tomar ciertas decisiones y actuar de una forma u otra. La palabra samurai viene del verbo samurau, que significa “servir”. En algún momento los samuráis eran considerados sirvientes de algún dios e incluso algunos fueron miembros de la nobleza militar en el Japón pre-industrial. Sin embargo, los personajes usualmente representados en estas películas son samuráis que no responden a nadie sino a sí mismos y a sus propias necesidades. No responden a ningún maestro y por lo tanto son libres, vagan sin rumbo, de un lado a otro (como ejemplo, el personaje de Sanjuro, en “Yojimbo”, avienta un palo al cielo y éste al caer le dice qué camino tomar), buscando únicamente trabajo, comida y un lugar dónde dormir.

Los samuráis, en resumen, tienen más necesidades, son gente pobre y humilde pero con la sangre fría para matar en cualquier momento si es necesario. Adiestrados en las artes de la espada, suelen ser muy astutos para las estrategias de guerras y confrontaciones, así como la manipulación, pero, como los forajidos del western, suelen ser analfabetas, lo cual acentúa su aislamiento y alejamiento de todo rasgo de civilización.

Los samuráis, que en algún momento de la historia fueron servidores públicos, aquí son caracterizados casi como nómadas bárbaros, a veces cuestionando gravemente su adhesión a cualquier código de honor, incluyendo el Bushido, al cambiar fácilmente y sin remordimientos de bandos, cosa que no sucedería fácilmente con un personaje forajido del western, a excepción de los personajes que responden únicamente a ellos mismos (caso de Blondie, interpretado por Clint Eastwood, en “El Bueno, el Feo y el Malo” y otros tantos más). Los samuráis parecen tener menos ataduras que los vaqueros, además de ser un poco más solitarios. Sin embargo, ultimadamente siempre cumplen con un cierto concepto de karma, ayudando a quien la trama misma nos muestra como el más noble o el más necesitado.

Los samuráis a veces actuarán por dinero, siendo contratados para las tareas más arriesgadas, normalmente de guardaespaldas, matones o guardias a diferencia de los vaqueros, cuyas profesiones son de ganaderos, comerciantes de ganado, propietarios de cantinas o demás. Los samuráis de entrada toman partido dependiendo el bando que les pague más, o el que no los traicione o el que tenga más virtudes guerreras, aunque no siempre esto aplicará, como en “Los Siete Samuráis”, que los personajes se conforman con ser alimentados y se ponen del lado del debilitado pueblo al que le han robado sus cosechas año tras año (otro punto en común con las problemáticas del western donde los malos roban ganado, queman casas y matan a rancheros indefensos).

Si bien también hay cine western y cine de samuráis que se centran en caracterizaciones romantizadas de sus héroes (lo buenos, lo justos, lo hábiles, astutos y bondadosos que son por naturaleza), este cine se puede considerar más de aventuras, más como una versión de carácter aventurero e infantil, y su estudio supone menos trabajo, pues son más como una idealización de los personajes, además de que en estas películas la línea entre el bien y el mal está perfectamente dibujada.

A diferencia de los forajidos del western, los samuráis tienen mayor desprendimiento sexual, entendiéndose que en estas historias las tramas de amor, triángulos amorosos y, en general, la mujer, tienen muchísima menor relevancia que en el western, donde muchas veces la musa o la inspiración del pistolero es una mujer indefensa, cariñosa, bondadosa y a veces también fuerte y testaruda. En cambio, la mujer cumple un menor papel en el cine de samuráis: simplemente es una víctima más o, a veces, cuando mayor importancia tiene, hace de mujer fatal que provoca a otros personajes a actuar en contra de su voluntad y en contra de los códigos de ética, como aquella mujer que convence de matar a Sanjuro una vez que éste termine su trabajo, en “Yojimbo”. Las mujeres en ambos casos (westerns y cine de samuráis) son más pacíficas e intentan persuadir al hombre de no hacer uso de la fuerza para lograr sus objetivos, algo que parece inevitable. Las mujeres no entienden el actuar de los hombres, que se muestran machos y valientes, aunque en el caso de los personajes del western es más importante ese sustento y moción que les brindan sus mujeres para llevar a cabo las tareas más arriesgadas.

En todo caso, los samuráis parecen aún más solitarios e independientes que sus símiles americanos. En sí, en toda la cultura oriental se puede dibujar un ensimismamiento más profundo, un mayor nivel de encerramiento, de autonomía y, aunque extremadamente pasionales, los orientales parecen estar antes mucho más involucrados con sí mismos que con la sociedad o la gente que les rodea, a pesar de que las pequeñas sociedades se unan por un objetivo común y viven más en el modelo socialista-comunista. Los samuráis parecen estar un poco más inmersos en sí mismos y en el desarrollo de sus propias habilidades que en andar mostrando socialmente su rudeza, sus personajes permanecen más ocultos, en la oscuridad y el anonimato, a diferencia de la construcción de verdaderas leyendas y personajes amados por todo el pueblo en los que se convierten los forajidos del viejo oeste, que además de ser socialmente aceptados y buscados, algunos tienen un lugar en la sociedad, aunque permanezcan un tanto alejados de ella, siendo eso a veces lo que busca el samurai: además de un trabajo, un lugar en la sociedad que le acoge.

 

La naturaleza y lo salvaje. La geografía y su influencia en los personajes

Ya sean amplios y solitarios desiertos del Sur de los Estados Unidos o del Norte de México, o praderas y llanos desolados y despoblados del antiguo Japón, los paisajes en los que se desenvuelven estas historias nos dan un discurso aparte pero totalmente relacionado con los temas que se tratan en las películas. Si bien esto puede ser mucho más claro en el western, donde la soledad de los personajes, el enfrentamiento de la ciudad con el paisaje, la confrontación de desfiladeros con edificios y horizontalidad contra verticalidad, lo áspero y árido contra lo civilizado y nuevo, y más códigos que arrojan los decorados que envuelven al western, en el cine de samuráis sucede que la lejanía entre los pueblos, la recóndito a veces de los pueblos en los que se desarrolla el conflicto, en los que la mano de la ley no llega, además de igualmente la soledad de los personajes y talvez la dureza de los paisajes, un poco menos amplios que los del western y mucho menos peligrosos, pero igualmente inciertos.

La geografía de los personajes también cobra mucha importancia y en la mayoría de los casos están perfectamente esclarecidas las ubicaciones de los principales sitios en los que normalmente ocurrirá la acción. Llama la atención la cercanía que toman los distintos sitios ya estando dentro del pueblo, dando un poco la impresión de saturación. Las cantinas o mesones, las casas de los personajes principales u hoteles o dormitorios donde estos, si son extranjeros, se quedarán; Los bancos (no presentes en las películas de samuráis), la prisión (igualmente relegada en el cine de samuráis) y posiblemente algún rancho o granja que sirva de refugio o zona de paz, alejado de la sociedad. En el cine japonés cobrará asimismo importancia la casa o guarida del bando enemigo.

 

Conclusión: Siete vs. Siete

Con un recorrido histórico y preocupaciones bastante ligados y similares, estas dos cinematografías dan mucho más análisis de puntos de encuentro así como diferencias, tales como la religión y la fe así como la forma en que éstas son tratadas en estas películas, siendo talvez un tema de segundo orden pero así mismo interesante.

Extintos y luego reciente y continuamente reinventados y reciclados, estos dos géneros reflejaron una época muy importante y muy concreta de las sociedades en turno en necesidad de leyendas, mitos, héroes y, sin duda, respuestas. Por eso y mucho más han tenido un valor histórico, no sólo en el ámbito del maravilloso séptimo arte.

Nota: Este artículo especial es reciclado de un ensayo o estudio que me pusieron a hacer en mi escuela de cine, creo que en la materia de Historia o de Análisis, por allá de 2006 ó 2007.

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25. Supercool

Superbad. 2007

Greg Mottola

Típica comedia americana pero con un poquito más de coco

Tenía ganas de ver esta película desde que salió porque era de las primeras en las que se veía a Michael Cera, hoy en día su imagen de geek, introvertido y tímido está un tanto sobreexplotada por tantas películas que no le han dado oportunidad de hacer nada más que lo que le vieron hacer como George Michael Bluth. Al parecer este chico de 21 años de edad tiene muchas cosas más para la televisión, tanto películas como series, previas a “Arrested Development”, pero nada de trascendencia.

También tenía la idea de que la película le daría un aire a “Napoleon Dynamite”, una de las pocas comedias que han logrado hacerse camino hacia el culto, especialmente de hipsters y cool-geeks (corríjanme si me equivoco). Bueno, pues “Supercool” o “Superbad”, dependiendo si queremos el título en español o inglés, es más bien una mezcla entre las películas de adolescentes queriendo tener la mayor cantidad de sexo y alcohol posible antes de ir a la universidad y aquellas otras donde la imagen del geek se retrata y se limpia en el proceso. Dígase “American Pie” meets “Napoleon Dynamite” meets “The Hangover” con un poco de “After Hours”, de Martin Scorsese. Algo por ahí, sin estar del todo acertado. Lo bueno es que el filme, con todo y sus temas burdos y simplones, agrega de vez en cuando toques bastante inesperados y temáticas más profundas que jamás hubiera esperado ver tratadas de esta manera en una película de este tipo, dígase homosexualidad entre dos mejores amigos como principal ejemplo pero también los abusos de autoridad de los cuerpos policiacos y los excesos de los jóvenes estadounidenses.

Además de sus buenos gags, diálogos y personajes, la película acierta en inyectarle un poco más de profundidad a la trama de una película de comedia que se excede en bromas de sexo, lenguaje y negligencia policial (esto último lo mejor de esas tres). “Supercool” se trata de dos mejores amigos medio geeks y bullieados a punto de terminar la preparatoria (?) que buscan la manera de tener sexo con sus respectivas chicas soñadas. Eso los hace comprometerse a conseguir una ridícula cantidad de alcohol para una fiesta que una de ellas arrojará, entonces la película se convierte en una serie de eventos y encuentros desafortunados. El guión podría estar un poco mejor quitando un par de cosas que no vienen al caso y hacer un poco más graciosa la película.

Greg Mottola cumple en su trabajo como director, teniendo como principal arma el presentarnos buenas secuencias de comedia además de momentos inesperados. De los actores, todos cumplen sin muchos problemas, pero destacan principalmente Bill Hader (de “Saturday Night Live”) como el oficial Slater, Christopher Mintz-Plasse como Fogell/McLovin y Seth Rogen, quien también participa como guionista y como productor, como el oficial Michaels. La fotografía, a pesar que nunca suele ser demasiado requisitosa en películas del género, da también su plus en algunas escenas nocturnas, mostrando un lado intimista. Por su cuenta, la elección de música medio sementera no sólo cumple sino que ambienta el tipo de historia que estamos viendo.

Me reí mucho unas cuantas veces. Creo que es justo un 6 de 10. La secuencia de créditos final con muchos dibujos de penes le quitó un punto en la calificación. Simplemente se me hace humor demasiado fácil, a mí no me dan nada de risa esas cosas, y no tiene nada qué ver la “moral” aquí.

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24. The Burning Plain

The Burning Plain. 2008

Guillermo Arriaga

 

“Viejos los árboles, y aún florecen”

Utilizo como título para esta crítica el nuevo dicho popular que inventamos el día de hoy Bere y yo (y que esperamos que se popularice y generaciones venideras lo empleen), para exponer que nunca es tarde para empezar a dirigir en cine. He escuchado muchas veces decir por ahí que para ser director tienes que haber vivido un montón de cosas, algunas de ellas que sólo llegan con la edad. Obviamente eso tiene algo de cierto pero nunca debería ser una regla, porque los años que tenga o no tenga una persona la mayoría de las veces no se reflejan en su talento, sólo en el “callo” y la madurez que ésta tenga.

Guillermo Arriaga, a quien conocemos como guionista de las acertadísimas y reconocidísimas “Amores Perros”, “21 Gramos”, “Babel” y “Los tres entierros de Melquiades Estrada”, debuta como director en un largometraje (ya había realizado un par de cortos en 1997 y 2000) luego de su separación profesional con Alejandro González Iñárritu producto de una sonada riña de autoría acerca de la famosa trilogía del accidente que ocasionó que Arriaga buscara movilizar a los guionistas para conseguir que se les cambiara el crédito a “escritores de cine” (no sé qué tanto podría ser la diferencia)…

Lo bueno que salió de aquel divorcio, a reserva de ver el nuevo y tan esperado trabajo que Iñárritu filmó en Barcelona, es que aquello provocó que este señor ya casi a sus 50 años se decidiera a dirigir su propio largometraje. El resultado de esto es “The Burning Plain”, un drama un poco más pequeño que los presentados en las películas dirigidas por Iñárritu (perdón, pero las comparaciones en este caso son inevitables) pero igualmente costumbrista, íntimo y de historias cruzadas. En ella se presenta una trama sin tantos giros que también va de ida y vuelta en el tiempo con dos familias, una estadounidense y otra mexicana, cuyos destinos se cruzan una y otra vez a través de los años producto de un romance. Arriaga sabe hablar el lenguaje del accidente, del dolor y de las cicatrices, presentando una historia de relaciones y drama humano, con personajes vacíos, heridos, perdidos, confundidos y un poco indiferentes a lo que les rodea. Las temáticas que se abordan son adultas y también muy propias de la frontera, que se usa como analogía de tantas barreras que existen entre nosotros como individuos.

Fuera de todo esto, la película realmente está muy bien rodada, las actuaciones en general están muy bien, las tomas y la fotografía están muy bien logradas, con toques poéticos. Arriaga es un director hecho y derecho desde su primera película, dándole ciertos aires a los hermanos Coen, a Wim Wenders en “Paris, Texas”, a Paul Thomas Anderson y demás, no sólo por el tipo de historia o los paisajes abiertos fronterizos, sino también por la manufactura poética de una obra cinematográfica realizada por un señor que conoce sus fijaciones en la naturaleza humana y las historias que ésta origina. Obvio, también se parece un poco a Iñárritu, sólo que sin la sofocante cámara en mano, con una estética un tanto más limpia y con personajes más aterrizados.

Curioso que el título se podría traducir en español perfectamente como “El Llano en Llamas”…

9 de 10. México gana otro destacado representante en el área de dirección.

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